noviembre 12, 2010

Hay que tomar la muerte como si fuera aspirina

De haber sabido cuántos hombres en la historia tuvieron que morir en una colina, la idea no le hubiera consolado en absoluto, porque en los trances por que él pasaba, los hombres no se dejan impresionar por lo que les sucede a otros en análogas circunstancias, más de lo que una viuda de un día puede consolarse con la idea de que otros esposos amantísimos han muerto también. Se tenga miedo o no, es difícil aceptar el propio fin. El Sordo lo había aceptado; pero no encontraba alivio en esa aceptación, pese a que tenía cincuenta y dos años, tres heridas y estaba situado en la cima de una colina.

Bromeó consigo mismo sobre el asunto, pero, contemplando el cielo y las cimas lejanas, tomó un trago de la bota y comprobó que no sentía ningún deseo de morir. "Si es preciso morir, y claro que va a ser preciso, puedo morir. Pero no me gusta nada."

Ernest Hemingway - Por quién doblan las campanas
Ediciones de bolsillo 1997 (1940)

agosto 15, 2010

Fragmento tomado de un póster

A veces en las madrugadas que me encuentran deambulando sin reposo posible, alcanzo a treparme en una voluta de humo y desde muy arriba, nos miro.
Créanme que lo que se alcanza a ver es tan hermoso, que duele mirarlo.
No digo que sea perfecto, ni acabado, ni que carezca de huecos, irregularidades, heridas por cerrar, injusticias por remediar, espacios por liberar.
Pero sin embargo se mueve.
Como si todo lo malo que somos y cargamos, se mezclara con lo bueno que podemos ser y el mundo entero redibujara su geografía y su tiempo se rehiciera con otro calendario.
Vaya, como si otro mundo fuera posible.

Subcomandante Insurgente Marcos

junio 15, 2010

Seguimos solos... y perdidos

Hasta aquí llega la poesía, esa mala pécora que me ha acompañado a traición durante tantos años. Olet lucernam. Ahora sería conveniente contar dos o tres chistes, pero sólo se me ocurre uno, así, de pronto, sólo uno, y para mayor inri de gallegos. No sé si ustedes lo saben. Va una persona y se pone a caminar por un bosque. Yo mismo, por ejemplo, estoy caminado por un bosque, como el Parco di Traiano o como las Terme di Traiano, pero a lo bestia y sin tanta deforestación. Y va esa persona, voy yo caminando por el bosque y me encuentro a quinienetos mil gallegos que van caminando y llorando. Y entonces yo me detengo (gigante gentil, gigante curioso por última vez) y les pregunto por qué lloran. Y uno de los gallegos se detiene y me dice: porque estamos solos y nos hemos perdido.

Los detectives salvajes, Roberto Bolaño