marzo 05, 2025

Sin lógica, la máquina no funciona.

 Ciertamente, el mundo de la computadora ya fue invadido por los abyectos, y cuanto más se abaratan costos, tanto más crece la abyección. No porque los pobres sean necesariamente abyectos (que a menudo sí lo son, a veces tanto como los ricos), sino porque los vivarachos usarán las maravillas tecnológicas para embrutecer más a los pobres, a esos pobres de los ranchitos de lata con antena de televisión. Y de paso se embrutecen ellos también, quiero decir 《los poderosos》. Siempre fueron brutos, en algún sentido, y ahora lo serán más, gracias a la tecnología. Internet saldrá definitivamente de la esfera de la cultura donde nació, y será manejada por los comerciantes y estadistas. Pero así y todo, la propia estructura de la computadora, la inteligencia de la humanidad que la ha hecho funcionar, eso seguirá siempre vigente. Siempre será un mundo para desentrañar, con el que dialogar, porque está necesariamente regido por la lógica. Sin lógica, la máquina no funciona. Aunque el que la maneja no sea lógico. Un babeante hincha de fútbol ya puede accionar algunos botones y obtener algunos resultados. Pronto podrá obtener muchos más, con menor desgaste intelectual. Sin embargo, tal vez sigan quedando individuos solitarios que prefieran dialogar con las entrañas de un sistema operativo en la Nochebuena, indiferentes a los cohetes y a las borracheras. Claro que me duele un poco esta soledad; las cosas bien podrían ser de otra manera. Claro que me sumerjo en el mundo de la máquina para no sentir ese dolor, que más que dolor es nostalgia, o una especie de nostalgia, como la de los tangos, que no está referida obligatoriamente a un hecho concreto, a una historia vivida. Nostalgia de lo que pudo haber sido una raza, o un país. Ah, la gente...

La novela luminosa - Mario Levrero