enero 23, 2019

La herramienta espiritual

Abimael rememora otra anécdota: <<Cuando terminábamos el curso de explosivos, nos dijeron que todo se podía explosionar; entonces, en la parte final, cogíamos el lapicero y reventaba, nos sentábamos y también reventaba, era una especie de cohetería general, eran cosas perfectamente medidas para hacernos ver que todo podía ser volado si uno se las ingeniaba para hacerlo>>. Años depués, ya como líder de Sendero, Abimael reivindicaría a la <<humilde dinamita>> como <<arma del Pueblo, de la clase>>.
No obstante, en los cursos, toda la preparación militar estaba subordinada a la política: <<Cuando manejábamos elementos químicos muy delicados, nos recomendaban tener la ideología presente siempre y decían que ésta nos haría capaces de hacerlo todo y hacerlo bien; y aprendimos a hacer nuestras primeras cargas para demoler>>.
El valor casi místico que se atribuye la ideología recuerda a la Fuerza de Luke Skywalker, una herramienta espiritual y trascendente que le da a su usuario poder ilimitado. Por supuesto, un materialista no cree en fuerzas del más allá. Pero para Guzmán, el marxismo es <<ciencia y, a su vez, una ideología>>, es decir, una verdad trascendental. Este tipo de marxista realiza el mismo procedimiento racional de un teólogo. Dispone de argumentos racionales, pero en lo fundamental, lo suyo es un acto de fe.
La crítica de Karl Popper al marxismo es precisamente que no puede ser científico porque en ningún caso resulta falso. La física de Aristóteles, por ejemplo, resulta falsa cuando hay que explicar el movimiento de los planetas. Entonces aparece la teoría de la gravedad de Newton, que, sin embargo, es falsa en un universo con agujeros negros y energía negativa, de la que sí da cuenta la relatividad de Einstein. Así, la ciencia avanza creando nuevas teorías para superar las insuficiencias de las antiguas, En cambio, un marxista nunca admitirá la evidencia de que su teoría no explica el orden social. De hecho, descartará como <<burgués>> todo argumento que cuestione sus directrices. Al igual que un católico ve a Dios en cada forma de vida, un marxista encuentra en cada hecho histórico -incluso en la crítica ajena- la confirmación de sus creencias.

La cuarta espada - Santiago Roncagliolo

enero 15, 2019

El médico profesor

<<El médico profesor tiene que estar por ahí en los caminos, observando, manoseando, viendo, oyendo, tocando, bregando por curar con la rastra de aprendices que le dan el nombre de los nombres: ¡Maestro!... Sí, doctorcitos: no es para ser lindos y pasar cuentas grandes y vender píldoras de jalea... Es para mandaros a todas partes a curar, inventar y, en una palabra, a servir>>.

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Para mi papá el médico tenía que investigar, entender las relaciones entre la situación económica y la salud, dejar de ser un brujo para convertirse en un activista social y en un científico. En su tesis de grado denunciaba a los médicos-magos: <<Para ellos, el médico ha de seguir siendo el pontífice máximo, encumbrado y poderoso, que reparte como un don divino familiares consejos y consuelos, que practica la caridad con los menesterosos con una vaga sensación de sacerdote bajado del cielo, que sabe decir frases a la hora irreparable de la muerte y sabe disimular con términos griegos su impotencia>>. Se enfurecía con quienes querían simplemente "aplicar tratamientos" a la fiebre tifoidea, en lugar de prevenirla con medidas higiénicas. Lo exasperaban las "curaciones maravillosas" y las "nuevas inyecciones" que los médicos daban a su "clientela particular" que pagaba bien las consultas. Y sentía la misma revuelta interior contra quienes "sanaban" niños, en vez de intervenir en las verdaderas causas de muchas de sus enfermedades, que eran sociales.

El olvido que seremos - Héctor Abad Faciolince