septiembre 30, 2011

A m-a-n-e-r-a dee m-as-aje

La rueda... es una prolongación del pie

el libro es una prolongación del ojo... la ropa, una prolongación de la piel... el circuito eléctrico,

una prolongación del sistema nervioso central

Los medios, al modificar el ambiente, suscitan en nosotros percepciones sensoriales de proporciones únicas. La prolongación de cualquier sentido modifica nuestra manera de pensar y de actuar –nuestra manera de percibir el mundo.

Cuando
esas
proporciones
cambian,
Los hombres cambian


Para mucha gente la racionalidad tiene la connotación de uniformidad y ligazón. "No es coherente" significa "No es racional".

"No es que no me interesen los sucesos del día. Pero ha habido tantos últimamente..."


Los ambientes son invisibles. Sus reglas fundamentales, su estructura penetrante y sus patrones generales eluden la percepción fácil.



El "experto" es el hombre que se queda permanentemente en el mismo sitio.

"Lo que sucede es que debemos vivir con los vivos" Montaigne


Usamos metáforas visuales y espaciales en muchísimas expresiones cotidianas. Insistimos en emplearlas incluso cuando nos referimos a estados puramente psicológicos, como la dirección y la duración. Por ejemplo, decimos "un tiempo atrás" cuando, en realidad, queremos decir "un tiempo antes", "días cercanos" cuando queremos decir "recientes". ¡Tenemos tantos prejuicios visuales que a los hombres más sabios los llamamos visionarios o videntes!


John Cage:

"Uno debe ser imparcial, aceptar que un sonido es una sonido y un hombre es un hombre; dejar de ilusionarse con las ideas de orden, las expresiones del sentimiento y el resto de nuestro bla-bla estético heredado."

"Ellos (Yo Pien-Cho) me dijeron que siguiera haciendo lo
que hacía y que difundiera
              ALEGRÍA
                                        y
                                       revolución".





"...y quién es usted?"

"Yo... yo apenas lo sé, señor, en este momento... por lo menos, yo sabía quién era cuando me levanté esta mañana, pero creo que debo de haber cambiado varias veces desde entonces."

El medio es el masaje, Marshall McLuhan

Pensamiento útil

Su vida era activa, y no contemplativa, huyendo cuanto podía de no tener nada que hacer. Cuando oía eso de que la ociosidad es la madre de todos los vicios, contestaba: «Y del peor de todos, que es el pensar ocioso.» Y como yo le preguntara una vez qué es lo que con eso quería decir, me contestó: «Pensar ocioso es pensar para no hacer nada o pensar demasiado en lo que se ha hecho y no en lo que hay que hacer. A lo hecho pecho, y a otra cosa, que no hay peor que remordimiento sin enmienda.» ¡Hacer!, ¡hacer! Bien comprendí yo ya desde entonces que don Manuel huía de pensar ocioso y a solas, que algún pensamiento le perseguía.

San Manuel Bueno, mártir, Miguel de Unamuno

septiembre 25, 2011

Las horas moribundas

Aunque, para serte franco, la Humillación iba un poco más lejos: se sentía un desecho del azar entre tantos profesionales de objetivos delineados. Había un engañoso requisito de ductilidad que Pig no conseguía cubrir, de modo que entre más se miraba forzado a negociar, menos quería enterarse de lo que estaba haciendo. Negociar: virtud de creativo, pecado de creador. Por eso ni chistaba cuando Lerdo le robaba las frases; la sola idea de recibir un crédito por aquellos rebuznos lo avergonzaba hasta la náusea. De pudor en pudor y de fastidio en fastidio, Pig descubría sus incompatibilidades orgánicas con la vida de copy, al tiempo que advertía las carencias de los jefes: casi nadie sabía lo que estaba haciendo. El mismo Jefe Máximo tenía siempre el coco en otra parte, sus opiniones eran, más que excéntricas, estólidas; sus frases, inconexas, rengas quién sabe si de puro apresuradas. Había una irrealidad guiñolesca en cada una de sus reuniones ejecutivas, donde Pig expresaba su opinión a través de bostezos largos, insobornables. Había también, espacio para entretenerse haciendo otras cosas. Anuncios, por ejemplo, cómo ese de la esclava, que era puro humor negro involuntario. ¿Quién era tan ingenuo para creer que una esclava de bronce le llevaría más allá del departamento de intendencia? ¿Quién era tan cerdo para cobrar por prometerlo? Había que poner la cara dura al promover una estigmata como símbolo de prestigio social, y por supuesto había que reírse al releer: el texto de la esclava pertenecía a esa categoría de escritos abyectos cuya sola factura le reserva a su autor un sitio en el Infierno.

Diablo Guardián, Xavier Velasco

septiembre 22, 2011

Los testigos

Polanco encendió la pipa y me miró un rato. Evidentemente estaba impresionado, y hasta se me ocurre que un poco pálido. Creo haber dicho ya que al comienzo me preguntó cortésmente si yo estaba seguro de lo que le decía. Debió convencerse, porque siguió fumando y meditando, sin ver que yo no quería perder tiempo (¿y si ya estaba muerta, y si ya estaba muerta?) y que pagaba las cervezas para decidirlo de una vez por todas.
Como no se decidía me encolericé y aludí a su obligación moral de secundarme en algo que sólo sería creído cuando hubiera un testigo digno de fe. Se encogió de hombros, como si de pronto hubiera caído sobre él una abrumadora melancolía.
- Es inútil, pibe - me dijo al fin -. A vos a lo mejor te van a creer aunque yo no te acompañe. En cambio a mí...
- ¿A vos? ¿Y por qué no te van a creer a vos?
- Porque es todavía peor, hermano - murmuró Polanco -. Mirá, no es normal ni decente que una mosca vuele de espaldas. No es ni siquiera lógico si vamos al caso.
- ¡Te digo que vuela así! - grité, sobresaltando a varios parroquianos.
- Claro que vuela así. Pero en realidad esa mosca sigue volando como cualquier mosca, sólo que le tocó ser la excepción. Lo que ha dado media vuelta es todo el resto - dijo Polanco -. Ya te podés dar cuenta de que nadie me lo va a creer, sencillamente porque no se puede demostrar y en cambio la mosca está ahí bien clarita. De manera que mejor vamos y te ayudo a desarmar los cartones antes de que te echen de la pensión, no te parece.

Último round, Julio Cortázar

septiembre 13, 2011

El destino

La estrella del destino rige a los poderosos y a los violentos. Años y años se convierte en la esclava servil de un hombre: César, Alejandro, Napoleón. El destino, elemento imponderable, ama al hombre elemental que es a él semejante.
Muy raras veces, en el  espacio de los tiempos, en un arrebato de su caprichosa volubilidad, se entrega al azar, a un ser cualquiera. Muy raras veces -maravillosos momentos de la historia del mundo- el hilo de los hados es agarrado un momento por una mano indiferente, y ese hombre se siente más atemorizado que feliz, una tempestad de responsabilidades se lanza entonces al heroico espectáculo del mundo y la mano deja escapar el hilo que había asido.
Son muy pocos los que se dan cuenta de ese azar y lo aprovechan para encumbrarse. Fugaz es el momento en que se da la grandeza de los menguados, y la suerte no volverá a ellos una segunda vez.

Momentos estelares de la humanidad, Stefan Zweig

septiembre 09, 2011

Bourgeois

While I was eating my eggs, these two nuns with suitcases and allI guessed they were moving to another convent or something and were waiting for a traincame in and sat down next to me at the counter. They didn't seem to know what the hell to do with their suitcases, so I gave them a hand. They were these very inexpensive-looking suitcasesthe ones that aren't genuine leather or anything. It isn't important, I know, but I hate it when somebody has cheap suitcases. It sound terrible to say it, but I can even get to hate somebody, just looking at them, if they have cheap suitcases with them. Something happened once. For a while when I was at Elkton Hills, I roomed with this boy, Dick Slagle, that had these very inexpensive suitcases. He used to keep them under the bed, instead of on the rack, so that nobody'd see them standing next to mine. It depressed holy hell out of me, and I kept wanting to throw mine out or something, or even trade with him. Mine came from Mark Cross, and they were genuine cowhide and all that crap, and I guess they cost quite a pretty penny. But it was a funny thing. Here's what happened. What I did, I finally put my suitcases under my bed, instead of on the rack, so that old Slagle wouldn't get a goddam inferiority complex about it. But here's what he did. The day after I put mine under the bed, he took them out and put them back on the rack. The reason he did it, it took me a while to find out, was because he wanted people to think my bags were his. He really did. He was a very funny guy, that way. He was always saying snotty things about them, my suitcases, for instance. He kept saying they were too new and bourgeois. That was his favorite goddam word. He read it somewhere or heard it somewhere. Everything I had was bourgeois as hell. Even my fountain pen was bourgeois. He borrowed it off me all the time, but it was bourgeois anyway. We only roomed together about two months. Then we both asked to be moved. And the funny thing was, I sort of missed him after we moved, because he had a helluva good sense of humor and we had a lot of fun sometimes. I wouldn't be surprised if he missed me, too. At first he only used to be kidding when he called my stuff bourgeois, and I didn't give a damnit was sort of funny, in fact. Then, after a while, you could tell he wasn't kidding any more. The thing is, it's really hard to be roommates with people if your suitcases are much better than theirsif yours are really good ones and theirs aren't. You think if they're intelligent and all, the other person, and have a good sense of humor, that they don't give a damn whose suitcases are better, but they do. They really do. It's one of the reasons why I roomed with a stupid bastard like Stradlater. At least his suitcases were as good as mine.

The catcher in the rye, J. D. Salinger