Para cuando me convertí en especialista, en 1987, ya tenía mucha experiencia como cirujano. Me habían nombrado sustituto del adjunto especialista titular en el hospital donde me estaba formando, y mi jefe, a medida que su carrera tocaba a su fin, fue delegando en mí casi todas las intervenciones. En cuanto te conviertes en especialista, de pronto eres responsable de tus pacientes de un modo muy distinto a como lo habías sido siendo residente y aprendiz. De repente, miras atrás y tus años de formación casi te parecen una etapa libre de preocupaciones. Como residente, la responsabilidad definitiva por cualquier error que puedas cometer es en última instancia de tu jefe, el adjunto especialista, no tuya. A medida que me hago mayor, la confianza de muchos de mis discípulos en sí mismos, de cuyas equivocaciones soy responsable, me parece cada vez más irritante; sin embargo, yo no era muy distinto a ellos en mis tiempos. Todo eso cambia cuando te conviertes en especialista.
Ante todo no hagas daño, Henry Marsh