"Aguilerio: me tuve que ir porque, como bien dicen los turcos, quien dice la verdad debe tener un pie en el estribo, y lo que te voy a decir en esta carta es estrictamente verdadero. No sirvo para vendedora. En Holanda se suele oír que el vendedor sólo necesita un ojo, mientras que el comprador necesita cien, pero a mí me pasó al revés: necesitaba cien ojos, para cuidar de que ninguna de las personas que entraba se llevara una lapicera o un marcador. Espero que no te haya faltado nada. La ocasión hace al ladrón, dicen, pero yo te juro que me fui con lo que vine. Además, el doctor Stuttgarte me mandó a comprar dardos y si no se los llevo pronto me puede despedir, o algo peor. No puedo estar acá esperándote durante horas. Creo que me puedo ir con la conciencia tranquila, porque vos me dijiste que no ibas a tardar. Tu demora no figuraba en los términos de nuestro acuerdo. Y si bien es cierto que con paciencia se gana el cielo, no lo es menos que paciencia muchas veces ofendida, trastorna el juicio. Pero mi juicio no está trastornado, creo. Me voy en mis cabales, y convencida de que nadie puede reprocharme nada. ¿Acaso es junto que me exponga a perder mi trabajo, cuando no también a otras reprimendas más severas? Yo creo que no. Solamente por amor podría alguien realizar un sacrificio de esa envergadura, porque amor no mira linaje, ni fe, ni pleito, ni homenaje. Pero tú no me amas Aguilerio, ni yo te amo a ti. De todos modos, aunque yo te amara, está bien que me vaya, porque según dicen los españoles, en las lides del amor, huir es vencer. Sin embargo eso no viene al caso, no sólo porque yo no siento amor por ti, sino porque no estoy huyendo. Mi partida no quebranta ninguna norma ni me hace incurrir en falta. No soy, pues, pasible de castigo. La próxima vez que te vea, lo haré con la frente alta. Me dolería mucho que tomaras mi actitud como una traición, ya que no lo es. Seré una necia, pero no soy capaz de traicionar, y bien orgullosa estoy de eso, ya que como decía mi abuelo más vale amenaza de necio que abrazo de traidor. Pero yo no te estoy amenazando. Sólo te digo lo que tuve que hacer, y trato de explicártelo para que lo entiendas. Estuve a punto de irme antes, porque de casualidad entró aquí una de mis amigas de la infancia y me invitó a tomar algo en un bar, pero no acepté. Le dije que tenía una responsabilidad y no quería dejar de cumplirla. Ella se fue un tanto molesta conmigo, pero yo me quedé con la conciencia tranquila de que había cumplido con mi deber, porque si te había prometido quedarme hasta tu regreso, no había razón para faltar a mi palabra. Siempre tuve claro que quien promete, en deuda se mete. Pero luego me puse a reflexionar sobre el momento de nuestro compromiso, y comprendí que tú fuiste el primero en romperlo, ya que primero dijiste que tu ausencia sería cosa de un momentito, nada más, y después aseguraste que no demorarías nada. Y demoraste, Aguilerio. Demoraste. Y es vox pópuli que el que espera desespera. Yo empecé por preocuparme, pero luego me desesperé, sí. Y por eso me voy. No descarto que hayas sufrido un accidente, y que tu demora obedezca a causas de fuerza mayor. Si tengo tiempo, más tarde voy a llamar por teléfono a los hospitales y a las comisarías, a ver si averiguo algo. Pero ahora tengo que irme. Ah, me olvidaba. Te vendí un rollo de papel de fax. La plata, como ves, está prendida con un clip a esta hoja de papel. Así que no soy tan mala vendedora, después de todo. Dicen que pescador que pesca un pez, pescador es. Ah, y te ordené un poco este sitio, que era un desaste. ¿No sabías que pájaro mal nacido es el que se ensucia en su nido? Bueno, me voy. Hasta la vista, Aguilerio. Si te acordás, dale mi saludos a la buena de Madama Yizmejiansborough y a Nené. Yo siempre me acuerdo de ellas y se lo digo al doctor Stuttgarte, pero él tiene una memoria de chorlito y nunca transmite mis mensajes. Bueno, adiós. Me voy porque no está el horno para bollos. Espero que llegues pronto. Haces mal en ausentarte así de tu negocio. Hay que nadar cerca del barco, dicen en Alemania. Yo soy una persona honrada, pero ¿qué pasaría si no lo fuera? Hombre precavido vale por dos, asegura la sabiduría popular. Tú ya tienes la mitad de la carrera hecha, porque eres hombre. Sólo te falta ser precavido. Debes tener cuidado, Aguilerio. En el campo dicen que víbora que sale al camino es pa'que la pisen. Espero que hayas corrido mejor suerte, que ésa. Bueno, ahora sí me voy corriendo, muchacho. Ya te esperé demasiado, y sabrás que no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. El refrán te lo digo por la primera parte, la del plazo. La parte de la deuda interpretala como quieras, aunque creo que no viene al caso. No me hagas caso, a veces hablo de más. Bueno, te la hago corta, Aguilerio: me voy. Espero que encuentres en esa nota que te dejo razones suficientes para justificar mi decisión. Otras no se me ocurren, lamentablemente. Au revoir".
Signos, Leo Maslíah