diciembre 21, 2012

Contraportada

Alessandro Baricco presentaba la edición italiana de Seda, que tuvo un éxito extraordinario en su país, con estas palabras:
Ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago, no se sabe.
Se podría decir que es una historia de amor. Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla. En ella están entremezclados deseos, y dolores, que se sabe muy bien lo que son, pero que no tienen un nombre exacto que los designe. Y, en todo caso, ese nombre no es amor. (Esto es algo muy antiguo. Cuando no se tiene un nombre para decir las cosas, entonces se utilizan historias. Así funciona. Desde hace siglos.)
Todas las historias tienen una música propia. Ésta tiene una música blanca. Es importante decirlo porque la música blanca es una música extraña, a veces te desconcierta: se ejecuta suavemente y se baila lentamente. Cuando la ejecutan bien es como oír el silencio y a los que la bailan estupendamente se les mira y parecen inmóviles.
La música blanca es algo rematadamente difícil.
No hay mucho más que añadir. Quizá lo mejor sea aclarar que se trata de una historia decimonónica: lo justo para que nadie se espere aviones, lavadoras o psicoanalistas. No los hay. Quizá en otra ocasión.

Seda, Alessandro Baricco

octubre 30, 2012

Hasta la vista

"Aguilerio: me tuve que ir porque, como bien dicen los turcos, quien dice la verdad debe tener un pie en el estribo, y lo que te voy a decir en esta carta es estrictamente verdadero. No sirvo para vendedora. En Holanda se suele oír que el vendedor sólo necesita un ojo, mientras que el comprador necesita cien, pero a mí me pasó al revés: necesitaba cien ojos, para cuidar de que ninguna de las personas que entraba se llevara una lapicera o un marcador. Espero que no te haya faltado nada. La ocasión hace al ladrón, dicen, pero yo te juro que me fui con lo que vine. Además, el doctor Stuttgarte me mandó a comprar dardos y si no se los llevo pronto me puede despedir, o algo peor. No puedo estar acá esperándote durante horas. Creo que me puedo ir con la conciencia tranquila, porque vos me dijiste que no ibas a tardar. Tu demora no figuraba en los términos de nuestro acuerdo. Y si bien es cierto que con paciencia se gana el cielo, no lo es menos que paciencia muchas veces ofendida, trastorna el juicio. Pero mi juicio no está trastornado, creo. Me voy en mis cabales, y convencida de que nadie puede reprocharme nada. ¿Acaso es junto que me exponga a perder mi trabajo, cuando no también a otras reprimendas más severas? Yo creo que no. Solamente por amor podría alguien realizar un sacrificio de esa envergadura, porque amor no mira linaje, ni fe, ni pleito, ni homenaje. Pero tú no me amas Aguilerio, ni yo te amo a ti. De todos modos, aunque yo te amara, está bien que me vaya, porque según dicen los españoles, en las lides del amor, huir es vencer. Sin embargo eso no viene al caso, no sólo porque yo no siento amor por ti, sino porque no estoy huyendo. Mi partida no quebranta ninguna norma ni me hace incurrir en falta. No soy, pues, pasible de castigo. La próxima vez que te vea, lo haré con la frente alta. Me dolería mucho que tomaras mi actitud como una traición, ya que no lo es. Seré una necia, pero no soy capaz de traicionar, y bien orgullosa estoy de eso, ya que como decía mi abuelo más vale amenaza de necio que abrazo de traidor. Pero yo no te estoy amenazando. Sólo te digo lo que tuve que hacer, y trato de explicártelo para que lo entiendas. Estuve a punto de irme antes, porque de casualidad entró aquí una de mis amigas de la infancia y me invitó a tomar algo en un bar, pero no acepté. Le dije que tenía una responsabilidad y no quería dejar de cumplirla. Ella se fue un tanto molesta conmigo, pero yo me quedé con la conciencia tranquila de que había cumplido con mi deber, porque si te había prometido quedarme hasta tu regreso, no había razón para faltar a mi palabra. Siempre tuve claro que quien promete, en deuda se mete. Pero luego me puse a reflexionar sobre el momento de nuestro compromiso, y comprendí que tú fuiste el primero en romperlo, ya que primero dijiste que tu ausencia sería cosa de un momentito, nada más, y después aseguraste que no demorarías nada. Y demoraste, Aguilerio. Demoraste. Y es vox pópuli que el que espera desespera. Yo empecé por preocuparme, pero luego me desesperé, sí. Y por eso me voy. No descarto que hayas sufrido un accidente, y que tu demora obedezca a causas de fuerza mayor. Si tengo tiempo, más tarde voy a llamar por teléfono a los hospitales y a las comisarías, a ver si averiguo algo. Pero ahora tengo que irme. Ah, me olvidaba. Te vendí un rollo de papel de fax. La plata, como ves, está prendida con un clip a esta hoja de papel. Así que no soy tan mala vendedora, después de todo. Dicen que pescador que pesca un pez, pescador es. Ah, y te ordené un poco este sitio, que era un desaste. ¿No sabías que pájaro mal nacido es el que se ensucia en su nido? Bueno, me voy. Hasta la vista, Aguilerio. Si te acordás, dale mi saludos a la buena de Madama Yizmejiansborough y a Nené. Yo siempre me acuerdo de ellas y se lo digo al doctor Stuttgarte, pero él tiene una memoria de chorlito y nunca transmite mis mensajes. Bueno, adiós. Me voy porque no está el horno para bollos. Espero que llegues pronto. Haces mal en ausentarte así de tu negocio. Hay que nadar cerca del barco, dicen en Alemania. Yo soy una persona honrada, pero ¿qué pasaría si no lo fuera? Hombre precavido vale por dos, asegura la sabiduría popular. Tú ya tienes la mitad de la carrera hecha, porque eres hombre. Sólo te falta ser precavido. Debes tener cuidado, Aguilerio. En el campo dicen que víbora que sale al camino es pa'que la pisen. Espero que hayas corrido mejor suerte, que ésa. Bueno, ahora sí me voy corriendo, muchacho. Ya te esperé demasiado, y sabrás que no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. El refrán te lo digo por la primera parte, la del plazo. La parte de la deuda interpretala como quieras, aunque creo que no viene al caso. No me hagas caso, a veces hablo de más. Bueno, te la hago corta, Aguilerio: me voy. Espero que encuentres en esa nota que te dejo razones suficientes para justificar mi decisión. Otras no se me ocurren, lamentablemente. Au revoir".

Signos, Leo Maslíah

septiembre 20, 2012

Cambiar de papeles

-Sí, claro -dije, con la sangre bulléndome en los pómulos y las orejas, y añadí para sentirme más cómodo-: Dígale al doctor que he venido, y que... bueno, que me hubiera encantado verle, pero que no creo que pueda volver ya, soy mi cuñado, o sea, su cuñado Rodrigo, el de él.
-Ah, ¿es usted?
-Sí, soy yo, claro, siempre he sido yo.
La chica me invitó a entrar con la cabeza.
-Los lunes no hay consulta, pero tratándose de usted...
Me llevó a una pequeña sala de espera y cerró la puerta tras marcharse. Me dejó a mí solo en aquella sala, que imaginé llena de sufrimientos y tristezas flotando por el aire. Me senté en uno de los dos sofás y las piernas y la espalda se me hundieron hasta desaparecer en aquellos cojines deformados de tanta gente como se habría sentado encima. Observé a mi alrededor. La verdad es que eso de que los psiquiatras también tengan sala de espera me parece de lo más raro, compartir la sala con otros enfermos, encontrarte quizá con un conocido y confesarle que estás aquejado de una fobia o de una manía persecutoria.
Empecé a ponerme nervioso. Me levanté y caminé por la sala. Yo creo que la única función de las salas de espera de los médicos es atacar los nervios de los pacientes. De esta forma resulta más imponente la autoridad del señor doctor, que, sereno y templado, espera al otro lado de la mesa de su consulta.

Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos, Rodrigo Muñoz Avia

agosto 05, 2012

9

Después volví al mundo. Basta de aventuras, me dije con un hilillo de voz. Aventuras, aventuras. Yo he vivido las aventuras de la poesía, que siempre son aventuras de vida o muerte, pero luego he regresado, he vuelto a las calles de México y la cotidianidad me ha parecido buena, para qué pedir más. Para qué engañarme más. La cotidianidad es una transparencia inmóvil que dura sólo unos segundos. Así que yo volví y miré y me dejé envolver por ella. Yo soy la madre, le dije, y francamente no creo que las películas de terror sean lo más recomendable para mí. Y entonces la cotidianidad se hinchó como un globo de jabón, pero a lo bestia, y explotó.

Amuleto, Roberto Bolaño

julio 31, 2012

La casa vacía

Salgo de mi casa.
Mientras estoy fuera, alguien entra en mi casa vacía y se instala en ella.
Come la comida de mi frigorífico, duerme en mi cama, mira mi televisor.
Quizá porque se siente culpable, arregla mi despertador roto, lava la ropa, lo ordena todo y luego desaparece.
Como si nadie hubiera estado allí...

Un día entro en una casa vacía.
Parece que nunca haya estado nadie, así que me desnudo, me baño, preparo la comida, lavo la ropa, arreglo una báscula de baño y juego al golf en el jardín de la casa.
En la casa hay una mujer desanimada, asustada y herida, que no sale nunca y que llora.
Le muestro mi soledad.
Nos entendemos sin decir ni una palabra, nos vamos sin decir ni una palabra.
Mientras elegimos una casa en que vivir, nos sentimos cada vez más libres.
En el momento en que parece que nuestra sed de libertad se ha aplacado, nos quedamos atrapados en una casa oscura.
Uno de los dos se queda en una casa hecha de nostalgia. El otro aprende a convertirse en un fantasma para esconderse en el mundo de la nostalgia.
Ahora que soy un fantasma, ya no siento deseos de buscar una casa vacía.
Ahora me siento libre de ir a la casa en la que vive mi amada y besarla. Nadie sabe que estoy allí.
Excepto la persona que me espera...
Siempre llega alguien para la persona que espera...
Llega, seguro... hasta para la persona que espera...

Este día del año 2004, alguien abrirá el candado que bloquea mi puerta y me liberará.
Confiaré ciegamente en esa persona y la seguiré a donde sea sin que me importe lo que pueda suceder...
Hacia un nuevo destino...
Es difícil saber si el mundo en que vivimos es sueño o realidad.

Kim Ki-duk (relato en el que se basa su película 3-Iron)

julio 06, 2012

El muchacho problema

Cuanto más estrechaba Hans los lazos que lo unían a su amigo más lejos se sentía del colegio. Un nuevo sentimiento de felicidad corría por sus venas y por su cerebro como el mejor de los vinos nuevos. Homero, lo mismo que Tito Livio habían perdido su primera importancia e interés. Los maestros se horrorizaban al contemplar al antes ejemplar Giebenrath transformado en un muchacho problema uncido a la mala y altamente sospechosa influencia de Heilner. Nada hay de hecho que cause más horror y más preocupación a un profesor que esas extrañas criaturas, muchachos precoces, en el peligroso periodo de la adolescencia. Más aún, encontraban ciertas genialidades en Heilner que estimaban malsanas porque siempre ha habido tradicionalmente un distanciamiento entre el genio y la ocupación de la enseñanza y cualquier síntoma de estas manifestaciones del genio son vistas con horror desde el primer momento por los profesores. Por lo que a éstos, se refería, los genios eran aquellos alumnos mal orientados que pocas veces demostraban respeto por sus compañeros, empezaban a fumar a los catorce años, tenían su primera novia a los quince, visitaban las tabernas desde los dieciséis, leían libros prohibidos, escribían composiciones escandalosas, se enfrentaban a los profesores con desprecio en la mirada, y se les registraba en los libros del colegio como vulneradores del orden y como aspirantes a serios castigos. Un maestro de escuela siempre ha de desear tener toda una clase de tontos, que un sólo genio entre sus alumnos, y hasta cierto punto tiene razón, pues cabalmente hablando su labor no estriba en educar a brillantes inteligencias sino formar buenos latinistas, buenos matemáticos y buenos para nada. ¿Quién de los dos sufre más, el maestro a manos del muchacho o éste a manos del maestro? ¿Quién es el más tirano y atormentador, y quién de los dos es el que destruye y profana, parcialmente por lo menos, la vida y el espíritu del otro? Imposible es decidirlo sin volver los ojos hacia atrás y sin pensar en la propia adolescencia sin cólera y vergüenza. Pero queda el consuelo de saber que tratándose de verdaderos genios, las heridas casi siempre cicatrizan y se convierten en gentes creadoras de sus propias obras maestras a pesar de sus años en el colegio, y cuando mueren quedan envueltos en un glorioso y brillante nimbo, son presentados por los maestros a las siguientes generaciones como nobles y ejemplares seres. Y así, el espectáculo de la perpetua lucha entre las reglas y el espíritu se repite en cada clase y continuamos viendo al Estado y al colegio empeñados en atajar desde el primer momento todo surgimiento de genio entre los espíritus más profundos y nobles que afloran cada año. Y son especialmente los muchachos que constituyen problemas, los que huyen y los que son expulsados, los destinados más tarde a enriquecer la vida de su país. Sin embargo, muchos, en número que nadie puede prever, se gastan en mudas rebeldías y finalmente son arrastrados por la corriente.

Bajo la rueda, Hermann Hesse

julio 02, 2012

Correr

En mi caso, la mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana. De un modo natural, físico y práctico. ¿En qué medida y hasta dónde debo forzarme? ¿Cuánto descanso está justificado y cuánto es excesivo? ¿Hasta dónde llega la adecuada coherencia y a partir de dónde empieza la mezquindad? ¿Cuánto debo fijarme en el paisaje exterior y cuánto concentrarme profundamente en mi interior? ¿Hasta qué punto debo creer firmemente en mi capacidad y hasta qué punto debo dudar de ella? Tengo la impresión de que si, cuando decidí hacerme escritor, no se me hubiera ocurrido empezar a correr largas distancias, las obras que he escrito serían sin duda bastantes diferentes. Concretamente, ¿en qué modo lo serían? No lo sé, a tanto ya no llego. Pero seguro que serían muy distintas.

   En cualquier caso, me alegro de haber seguido corriendo sin descanso hasta hoy. Porque las novelas que escribo ahora también me gustan a mí. Y estoy deseando saber cómo será la próxima. Que al tiempo que recorro el camino de mi intrascendente vida plagada de contradicciones, como ser incompleto, como escritor con sus limitaciones, todavía siga sintiendo estas cosas, debe de ser un importante logro. Puede que exagere un poco, pero tengo incluso la impresión de que podría llamarlo «milagro». Y si el hecho de correr a diario me ha ayudado a lograrlo, aunque sólo sea en cierta medida, entonces debería estarle profundamente agradecido.

   A veces, algunas personas se dirigen a los que corremos a diario para preguntarnos burlonamente si lo que pretendemos con tanto esfuerzo es vivir más. La verdad es que no creo que haya mucha gente que corra a fin de vivir más. Más bien tengo la impresión de que son más numerosos los que corren pensando «No importa si no vivo mucho, pero, mientras viva, quiero al menos que esa vida sea plena». Por supuesto, es muchísimo mejor vivir diez años de vida con intensidad y perseverando en un firme objetivo, que vivir esos diez años de un modo vacuo y disperso. Y yo pienso que correr me ayuda a conseguirlo. Ir consumiéndose a uno mismo, con cierta eficiencia y dentro de las limitaciones que nos han sido impuestas a cada uno, es la esencia del correr y, al mismo tiempo, una metáfora del vivir (y, para mí, también del escribir). Probablemente muchos corredores compartan esta opinión.

De qué hablo cuando hablo de correr, Haruki Murakami

mayo 21, 2012

La náusea

Bueno, hace un rato estaba en el Jardín Público.

Y entonces tuve una iluminación.
 Y de golpe estaba allí, clara como el día: la existencia se descubrió de improvisto.
Había perdido su apariencia inofensiva de categoría abstracta; era la materia misma de las cosas, aquella raíz estaba amasada en existencia.
O más bien la raíz, las verjas del jardín, el césped raído todo se había desvanecido; la diversidad de las cosas,su individualidad sólo eran una apariencia, un barniz.
Ese barniz se había derretido, quedaban masas monstruosas y blandas, en desorden, desnudas, con una desnudez espantosa y obscena.
De existir, había que existir hasta eso, hasta el verdín, el abotagamiento,la obscenidad.
En otro mundo, los círculos, los aires musicales guardan sus líneas puras y rígidas.
Pero la existencia es una sumisión.
Éramos un montón de existencias incómodas, avergonzados de nosotros mismos; no teníamos la menor razón de estar allí, ni unos ni otros; cada uno de los existentes, confuso, vagamente inquieto, se sentía de más con respecto a los otros.
 De más; fue la única relación que pude establecer entre los árboles, las verjas, los guijarros.
Y yo, flojo, lánguido, obsceno, digiriendo, removiendo melancólicos pensamientos, también yo estaba de más.
Los árboles flotaban, ¿impetud hacia el cielo?
Más bien un derrumbe; a cada instante esperaba ver arrugarse los troncos, como juncos cansados, encogerse, y caer al suelo en un montón negro y blando con pliegues.
No tenían ganas de existir, pero no podían evitarlo: eso es todo.
Entonces hacían todos sus pequeñas cocinas, despacito, sin entusiasmo; la savia subía lentamente por los vasos, a disgusto, y las raíces se hundían lentamente en la tierra. Pero a cada instante parecían a punto de plantarlo todo y de aniquilarse.
Cansados y viejos, seguían existiendo de mala gana, porque eran demasiado débiles para morir, porque la muerte sólo podía venirles del exterior; sólo las melodías musicales llevan en sí su propia muerte como una necesidad interna; pero las melodías no existen.
Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad...
Lo esencial es la contingencia.
Quiero decir que por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es estar ahí, simplemente; los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos.
Todo es gratuito; este jardín, esta ciudad, yo mismo.
Cuando uno llega a comprenderlo, se le revuelve el estomago y todo empieza a flotar.
Me dejé estar en el banco, aturdido, abrumado por esa profusión de seres sin origen; en todas partes eclosiones, florecimientos; me zumbaban de existencia los oídos, mi misma carne palpitaba y se entreabría, se abandonaba a la brotadura universal, era repugnante.

La náusea, Jean-Paul Sartre

mayo 17, 2012

Autobiografía en cinco actos

1) Bajo por la calle
Hay un hoyo profundo en la acera.
Me caigo dentro,
Estoy perdido… me siento impotente.
No es culpa mía.
Tardo una eternidad en salir de él.

2) Bajo por la misma calle.
Hay un hoyo profundo en la acera.
Finjo no verlo.
Vuelvo a caer dentro.
No puedo creer que esté en el mismo lugar.
Pero no es culpa mía.
Todavía me lleva mucho tiempo salir de él.

3) Bajo por la misma calle.
Hay un hoyo profundo en la acera.
Veo que está allí.
Caigo en él de todos modos… es un hábito.
Tengo los ojos abiertos. Sé donde estoy.
Es culpa mía. Salgo inmediatamente de él.

4) Bajo por la misma calle.
Hay un hoyo profundo en la acera.
Paso por el lado.

5) Bajo por otra calle.

 Libro Tibetano de la Vida y la Muerte, Soygal Rimpoché

Consejos

W.A.: Cuando hice Annie Hall mucha gente pensó que me había vendido o que había cometido un tremendo error porque lo mío era ese tipo de películas disparatadas como Bananas, Toma el dinero y corre y Love & Death. Todo lo que no fuera un montón de chistes y gags alocados y anárquicos les disgustaba. Y lo que sucedió con Annie Hall lo recuerdo perfectamente porque no solo fueron esas memeces de cartas de desconocidos que encontraba en el buzón, sino también las opiniones de gente que conocía. Charlie Joffe me decía: «Oye, mis amigos se preguntan por qué pierdes el tiempo con esas historias». Ni que decir tiene que eso me pasaba cada dos por tres cuando hacía películas serias. Bobby Greenhut solía hacerme llegar comentario de terceros, del tipo «Pero ¿por qué querría hacer una película como esa?». Y [el director] Joel Schumacher, un amigo que vela por mi bien, me preguntó con relación a September«¿Qué te ha llevado a hacer una película como esa?» Supongo que para mucha gente es inexplicable que yo quiera hacer algo tan alejado del cine que se identifica conmigo; algo que no puede quedar bien y para lo que no hay un mercado ni siquiera en el caso de salir airoso del intento. Y tienen su razón, pero yo siempre les respondo con mucha educación: «Supongo que estás en lo cierto», y sigo con lo mío.


Conversaciones con Woody Allen, Eric Lax

mayo 14, 2012

Farmacología

-Había también una cosa llamada cielo; pero con todo ello no dejaban de beber enormes cantidades de alcohol.

-Como si fuese un pedazo de carne; como si fuese un pedazo de carne.

-Había una cosa llamada alma y una cosa llamada inmortalidad.

-Pregúntale a Henry dónde lo ha comprado.

-Pero tomaban morfina y cocaína.

-Y lo que es peor, es que ella misma se considera un pedazo de carne.

-Pensionó el Estado dos mil especialistas en farmacología y bioquímica el año 178 de N.F.

-Parece muy malhumorado- dijo el Subdirector de Predestinación señalando a Bernard Marx.

-Seis años después, se lanzaba al mercado la droga perfecta.

-Vamos a hacerle hablar para divertirnos.

-Eufórica, narcótica, agradablemente alucinante.

-¡Siempre de mal humor, Marx, siempre de mal humor!- La palmada en el hombro le hizo sobresaltarse y levantar los ojos. Era aquél bárbaro de Henry Foster. -Lo que necesitas es un gramo de soma.

-Todas las ventajas del alcohol y ninguno de sus inconvenientes.

-"¡Oh, Ford le mataría!"- pero limitose a decir: -No, gracias- y a rechazar el tubo de tabletas que le ofrecía.

-Puede uno descansar de la realidad cuando le venga en gana y tornar sin el más mínimo dolor de cabeza ni la menor mitología.

-Toma, hombre, toma- insistía Henry Foster.

-La estabilidad quedó así asegurada.

-"Un centímetro cúbico cura diez pasiones"- dijo el Subdirector de Predestinación recitando una fórmula hipnopédica fundamental.

-Sólo faltaba vencer a la vejez.

-¡Déjame en paz!- gritó Bernard Marx.

-¡Chico! ¡Vaya un genio!

-Las hormonas gonadales, la transfusión de sangre joven, las sales de magnesio.

-Y piensa que un gramo vale más que un terno. Y salieron riéndose.

-Se han suprimido todos los estigmas de la vejez. Y con ellos, naturalmente...

-No te olvides de preguntarle lo del cinturón malthusiano- dijo Fanny.

-... todas las características mentales de los viejos. Se conserva el mismo carácter durante toda la vida.

-... tengo que jugar antes de la noche dos partidas de golf con obstáculos. Me marcho.

-Trabajo, diversiones. A los sesenta años tenemos los mismos gustos y las mismas fuerzas que a los diecisiete. Los viejos, en los pésimos tiempos antiguos, renunciaban, se retiraban, se entregaban a la religión, pasaban el tiempo leyendo, pensando, ¡pensando!

-"¡Cochinos, idiotas!"- decía para sí Bernard Marx, mientras se dirigía al ascensor.

-Hoy en día- he aquí el progreso- los viejos trabajan, practican la cópula y no tienen tiempo que perder, ni un momento para sentarse a pensar; y si, por cualquier malhadada circunstancia, el tiempo produjese una grieta en la masa compacta de sus distracciones, queda el soma, el delicioso soma, del que medio gramo equivale a medio día de descanso, un gramo a un fin de semana, dos a una escapada por el Oriente magnífico, tres a una sombría eternidad en la Luna; y al retorno se hallan al otro lado de la grieta, salvos y sanos en la tierra firme de los trabajos y diversiones cotidianos, corriendo de cine-sensible en cine-sensible, de chica en chica neumática, de campo en campo de Golf Electromagnético...

-¡Largo de aquí, niña!- dijo irritado el Director. -¡Largo de aquí, niño! ¿No veis que su Fordería está ocupado? Idos a otra parte a proseguir vuestros juegos eróticos.

-¡Pobres niños!- dijo el Inspector.

     Lentamente, majestuosamente, con un leve zumbido de máquinas, avanzaban los transportadores a razón de treinta y tres centímetros por hora. En la rojiza obscuridad, centelleaban innumerables rubíes.

Un mundo feliz, Aldous Huxley

abril 14, 2012

El río y los peces

Un viejo proverbio dice que enseñar a pescar es mejor que dar pescado.
El obispo Pedro Casaldáliga, que vive en la región amazónica, dice que sí, que eso está muy bien, muy buena idea, pero ¿qué pasa si alguien compra el río, que era de todos, y nos prohíbe pescar? ¿O si el río se envenena, y envenena a sus peces, por los desperdicios tóxicos que le echan? O sea: ¿Qué pasa si pasa lo que está pasando?

Espejos (una historia casi universal), Eduardo Galeano

abril 03, 2012

Sintiendo a todos lejos

But glorious it was to see, how the open
region was filled with horses and chariots...
BUNYAN, The Pilgrim's Progress

Cualquiera que sea la doctrina histórica que se profese (y no soy de los que sueñan en perpetuaciones absurdas de la tradición indígena, y ni siquiera fío demasiado en perpetuaciones de la española), nos une con la raza de ayer, sin hablar de sangres, la comunidad del esfuerzo por domeñar nuestra naturaleza brava y fragosa; esfuerzo que es la base bruta de la historia. Nos une también la comunidad, mucho más profunda, de la emoción cotidiana ante el mismo objeto natural. El choque de la sensibilidad con el mismo mundo labra, engendra un alma común. Pero cuando no se aceptara lo uno ni lo otro -ni la obra de la acción común, ni la obra de la contemplación común-, convéngase en que la emoción histórica es parte de la vida actual, y, sin su fulgor, nuestros valles y nuestras montañas serían como un teatro sin luz. El poeta ve, al reverberar de la luna en la nueve de los volcanes, recortarse sobre el cielo el espectro de Doña Marina, acosada por la sombra del Flechador de Estrellas; o sueña con el hacha de cobre en cuyo filo descansa el cielo; o piensa que escucha, en el descampado, el llanto funesto de los mellizos que la diosa vestida de blanco lleva a las espaldas: no le neguemos la evocación, no desperdiciemos la leyenda. Si esa tradición nos fuere ajena, está como quiera en nuestras manos, y sólo nosotros disponemos de ella. No renunciaremos -oh Keats-  a ningún objeto de belleza, engendrador de eternos goces.

Madrid, 1915

Visión de Anáhuac, Alfonso Reyes

marzo 14, 2012

UNA VIEJA CARTA


Bebé Rocamadour, bebé, mon bebé. Rocamadour : 

     Rocamadour, ya sé que es como un espejo. Estás durmiendo o mirándote los pies. Yo aquí sostengo un espejo y creo que sos vos. Pero no lo creo, te escribo porque no sabes leer. Si supieras no te escribiría o te escribiría cosas importantes. Alguna vez tendré que escribirte que te portes bien o que te abrigues. Parece increíble que alguna vez, Rocamadour. Ahora solamente te escribo en el espejo, de vez en cuando tengo que secarme el dedo porque se moja de lágrimas. ¿ Por qué, Rocamadour ? No estoy triste, tu mamá es una pavota, se me fue al fuego el borsch que había hecho para Horacio; vos sabés quién es Horacio, Rocamadour, el señor que el domingo te llevó el conejito de terciopelo y que se aburría mucho porque vos y yo nos estábamos diciendo tantas cosas y él quería volver a París; entonces te pusiste a llorar y él te mostró como el conejito movía las orejas; en ese momento estaba hermoso, quiero decir Horacio, algún día comprenderás, Rocamadour.
    
    Rocamadour, es idiota llorar así porque el borsch se ha ido al fuego. La pieza está llena de remolacha, Rocamadour, te divertirías si vieras los pedazos de remolacha y la crema, todo tirado por el suelo. Menos mal que cuando venga Horacio ya habré limpiado, pero primero tenía que escribirte, llorar así es tonto, las cacerolas se ponen blandas, se ven como halos en los vidrios de la ventana, y ya no se oye cantar a la chica del piso de arriba que canta todo el día Les amants du Havre. Cuando estemos juntos te lo contaré, verás. Puisque la terre est ronde, mon amour t'en fais pas, mon amour, t'en fais pas...Horacio la silba de noche cuando escribe o dibuja. A ti te gustaría, Rocamadour. A vos te gustaría, Horacio se pone furioso porque me gusta hablar de tú como Perico, pero en el Uruguay es distinto. Perico es el señor que no te llevó nada el otro día pero que hablaba tanto de los niños y la alimentación. Sabe muchas cosas, un día le tendrás mucho respeto, Rocamadour, y serás un tonto si le tienes respeto. Si le tenés, si le tenés respeto, Rocamadour.
    Rocamadour, madame Irène no está contenta de que seas tan lindo, tan alegre, tan llorón y gritón y meón. Ella dice que todo está muy bien y que eres un niño encantador, pero mientras habla esconde las manos en los bolsillos del delantal como hacen algunos animales malignos, Rocamadour, y eso me da miedo. Cuando se lo dije a Horacio, se reía mucho, pero no se da cuenta de que yo lo siento, y que aunque no haya ningún animal maligno que esconde las manos, yo siento, no sé lo que siento, no lo puedo explicar. Rocamadour, si en tus ojitos pudiera leer lo que te ha pasado en esos quince días, momento por momento. Me parece que voy a buscar otra nourrice aunque Horacio se ponga furioso y diga, pero a ti no te interesa lo que él dice de mí. Otra nourrice que hable menos, no importa si dice que eres malo o que lloras de noche o que no quieres comer, no importa si cuando me lo dice yo siento que no es maligna, que me está diciendo algo que no puede dañarte. Todo es tan raro, Rocamadour, por ejemplo me gusta decir tu nombre y escribirlo, cada vez me parece que te toco la punta de la nariz y que te reís, en cambio madame Irène no te llama nunca por tu nombre, dice l'enfant, fíjate, ni siquiera dice le gosse, dice l'enfant, es como si se pusiera guantes de goma para hablar, a lo mejor los tiene puestos y por eso mete las manos en los bolsillos y dice que sos tan bueno y tan bonito.
Hay una cosa que se llama tiempo, Rocamadour, es como un bicho que anda y anda. No te puedo explicar porque eres tan chico, pero quiero decir que Horacio llegará en seguida. ¿ Le dejo leer mi carta para que él también te diga alguna cosa ? No, yo tampoco querría que nadie leyera una carta que es solamente para mí. Un gran secreto entre los dos, Rocamadour. Ya no lloro más, estoy contenta, pero es tan difícil entender las cosas, necesito tanto tiempo para entender un poco eso que Horacio y los otros entienden en seguida, pero ellos que todo lo entienden tan bien no te pueden entender a ti y a mí, no entienden que yo no puedo tenerte conmigo, darte de comer y cambiarte los pañales, hacerte dormir o jugar, no entienden y en realidad no les importa, y a mí que tanto me importa solamente sé que no te puedo tener conmigo, que es malo para los dos, que tengo que estar sola con Horacio, vivir con Horacio, quién sabe hasta cuándo ayudándolo a buscar lo que él busca y que también buscarás, Rocamadour, porque serás un hombre y también buscarás como un gran tonto.
   Es así, Rocamadour: En París somos como hongos crecemos en los pasamanos de las escaleras, en piezas oscuras donde huele a sebo, donde la gente hace todo el tiempo el amor y después fríe huevos y pone discos de Vivaldi, enciende los cigarrillos y habla como Horacio y Gregorovius y Wong y yo, Rocamadour, y como Perico y Ronald y Babs, todos hacemos el amor y freímos huevos y fumamos, ah, no puedes saber todo lo que fumamos, todo lo que hacemos el amor, parados, acostados, de rodillas, con las manos, con las bocas, llorando o cantando, y afuera hay de todo, las ventanas dan al aire y eso empieza con un gorrión o una gotera, llueve muchísimo aquí, Rocamadour, mucho más que en el campo, y las cosas se herrumbran, las canaletas, las patas de las palomas, los alambres con que Horacio fabrica esculturas. Casi no tenemos ropa, nos arreglamos con tan poco, un buen abrigo, unos zapatos en lo que no entre el agua, somos muy sucios, todo el mundo es muy sucio y hermoso en París, Rocamadour, las camas huelen a noche y a sueño pesado, debajo hay pelusas y libros, Horacio se duerme y el libro va a parar abajo de la cama, hay peleas terribles porque los libros no aparecen y Horacio cree que se los ha robado Ossip, hasta que un día aparecen y nos reímos, y casi no hay sitio para poner nada, ni siquiera otro par de zapatos, Rocamadour, para poner una palangana en el suelo hay que sacar el tocadiscos, pero donde ponerlo si la mesa está llena de libros. Yo no te podría tener aquí, aunque seas tan pequeño no cabrías en ninguna parte, te golpearías contra las paredes. Cuando pienso en eso me pongo a llorar, Horacio no entiende, cree que soy mala, que hago mal en no traerte, aunque sé que no te aguantaría mucho tiempo. Nadie se aguanta aquí mucho tiempo, ni siquiera tú y yo, hay que vivir combatiéndose, es la ley, la única manera que vale la pena pero duele, Rocamadour, y es sucio y amargo, a ti no te gustaría, tú que ves a veces los corderitos en el campo, o que oyes los pájaros parados en la veleta de la casa. Horacio me trata de sentimental, me trata de materialista, me trata de todo porque no te traigo o porque quiero traerte, porque renuncio, porque quiero ir a verte, porque de golpe comprendo que no puedo ir, porque soy capaz de caminar una hora bajo el agua si en algún barrio que no conozco pasan Potemkin y hay que verlo aunque se caiga el mundo, Rocamadour, porque el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como un cajón de la cómoda y te pone a ti de un lado, el domingo del otro, el amor de la madre, el juguete nuevo, la gare de Montparnasse, el tren, la visita que hay que hacer. No me da la gana de ir, Rocamadour, y tú sabes que está bien y no estás triste. Horacio tiene razón, no me importa nada de ti a veces, y creo que eso me lo agradecerás un día cuando comprendas, cuando veas que valía la pena que yo fuera como soy. Pero lloro lo mismo, Rocamadour, me equivoco, porque a lo mejor soy mala o estoy enferma o un poco idiota, no mucho, un poco pero eso es terrible, la sola idea me da cólicos, tengo completamente metidos para adentro los dedos de los pies, voy a reventar los zapatos si no me los saco, y te quiero tanto, Rocamadour, bebé Rocamadour, dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete ...

Fragmentos tomados de la pared de un hostel

Si pudiera vivir nuevamente mi vida
...
Correría más riesgos, haría más viajes,
contemplaría más atardeceres, subiría
más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido

Jorge Luis Borges


Viaje

Viajar es marcharse de casa,
es vestirse de loco
diciendo de todo y nada en una postal.
Es dormir en otra cama,
sentir que el tiempo es corto,
viajar es regresar

Gabriel García Márquez

febrero 24, 2012

Sobre la resignación

Sin embargo, cuando Úrsula se dio cuenta de que no le había alcanzado el tiempo para consolidar la vocación de José Arcadio, se dejó aturdir por la consternación. Empezó a cometer errores, tratando de ver con los ojos las cosas que la intuición le permitía ver con mayor claridad. Una mañana le echó al niño en la cabeza el contenido de un tintero creyendo que era agua florida. Ocasionó tantos tropiezos con la terquedad de intervenir en todo, que se sintió trastornada por ráfagas de mal humor, y trataba de quitarse las tinieblas que por fin la estaban enredando como un camisón de telaraña. Fue entonces que se le ocurrió que su torpeza no era la primera victoria de la decrepitud y la oscuridad, sino una falla del tiempo. Pensaba que antes, cuando Dios no hacía con los meses y los años las mismas trampas que hacían los turcos al medir una yarda de percal, las cosas eran diferentes. Ahora no sólo crecían los niños más de prisa, sino que hasta los sentimientos evolucionaban de otro modo. No bien, Remedios, la bella, había subido al cielo en cuerpo y alma, y ya la desconsiderada Fernanda andaba refunfuñando en los rincones porque se había llevado las sábanas. No bien se habían enfriado los cuerpos de los Aurelianos en sus tumbas, y ya Aureliano Segundo tenía otra vez la casa prendida, llena de borrachos que tocaban el acordeón, y se ensopaban en champaña, como si no hubieran muerto cristianos sino perros, y como si aquella casa de locos, que tantos dolores de cabeza y tantos animalitos de caramelo había costado, estuviera predestinada a convertirse en un basurero de perdición. Recordando estas cosas, mientras alistaban el baúl de José Arcadio, Ursula se preguntaba si no era preferible acostarse de una vez en la sepultura y que le echaran la tierra encima, y le preguntaba a Dios, sin miedo, si de verdad creía que la gente estaba hecha de fierro para soportar tantas penas y mortificaciones; y preguntando y preguntando iba atizando su propia ofuscación, y sentía unos irreprimibles deseos de soltarse a despotricar como un forastero, y de permitirse por fin un instante de rebeldía, el instante tantas veces anhelado y tantas veces aplazado de meterse la resignación por el fundamento, y cagarse de una vez en todo, y sacarse del corazón los infinitos montones de malas palabras que había tenido que atragantarse en todo un siglo de conformidad
¡Carajo! gritó.
Amaranta, que empezaba a meter la ropa en el baúl, creyó que la había picado un alacrán.
¿Dónde está! Preguntó alarmada.
¿Qué?
¡El animal! aclaró Amaranta.
Úrsula se puso un dedo en el corazón.
Aquí. dijo.

Cien años de Soledad, Gabriel García Márquez

¿A dónde queremos llegar?

¿Pero por qué, Cesárea, le dije? ¿No te das cuenta que si te marchas ahora vas a tirar por la borda tu carrera literaria? ¿Tienes idea de la clase de páramo cultural que es Sonora? ¿Qué vas a hacer allí? Preguntas de ése tipo. Preguntas que uno hace, muchachos, cuando no sabe realmente qué decir. Y Cesárea me miró mientras caminábamos y dijo que aquí ya no tenía nada. ¿Te has vuelto loca? le dije. ¿Te has trastornado, Cesárea? Aquí tienes tu trabajo, tus amigos, Manuel te aprecia, yo te aprecio, Germán y Arqueles te aprecian, el general no sabrá qué hacer sin ti. Tú eres una estridentista de cuerpo y alma. Tú nos ayudarás a construir Estridentípolis, Cesárea, le dije. Y entonces ella sonrió, como si le estuviera contando un chiste muy bueno pero que ya conocía y dijo que hacía una semana que había dejado el trabajo y que además ella nunca había sido estridentista sino real visceralista. Y yo también dije o grité, todos los mexicanos somos más real visceralistas que estridentistas, pero qué importa, el estridentismo y el real visceralismo son sólo dos máscaras para llegar a donde queremos llegar. ¿Y a dónde queremos llegar? dijo ella. A la modernidad, Cesárea, le dije, a la pinche modernidad. Y entonces, sólo entonces le pregunté que si era verdad que había dejado su chamba con mi general. Y ella dijo que por supuesto era verdad. ¿Y qué te dijo él?, pregunté. Se puso hecho una fiera, se rió Cesárea. ¿Y? Nada, no cree que hable en serio, pero si piensa que voy a volver, que me espere sentado porque si no se va a cansar.
Pobre hombre, dije yo. Cesárea se rió. ¿Tienes parientes en Sonora? le dije. No, creo que no, dijo ella. ¿Y qué harás entonces? dije yo. Pues buscar un trabajo y un lugar dónde vivir, dijo Cesárea. ¿Y eso es todo? dije yo. ¿Ése es todo el porvenir que te espera, Cesárea, hija mía?, dije yo, aunque probablemente no dijera hija mía, puede que sólo lo pensara. Y Cesárea me miró, una mirada cortita, así como de lado, y dijo que ése era el porvenir común de todos los mortales, buscar un lugar dónde vivir y un lugar dónde trabajar. En el fondo eres un reaccionario, Amadeo, me dijo (pero me lo dijo con simpatía). Y así seguimos un rato más. Como discutiendo pero sin discutir. Como recriminándonos cosas, pero sin recriminarnos nada. Y de repente yo traté de imaginarme a Cesárea en Sonora, eso fue poco antes de llegar a la calle en donde nos íbamos a separar para siempre, traté de imaginármela en Sonora, y no pude.

Los Detectives Salvajes, Roberto Bolaño

Problemas y sorpresas

Hablábamos, nunca discutíamos. Le enseñaba mis cuadros y él decía fantástico, me encantan, frases de ese estilo que siempre me han parecido abrumadoras. Sé que las decía de corazón, pero igual me abrumaban. Luego, se quedaba callado, fumando, y yo preparaba té o café o sacaba una botella de whisky. No sé, no sé, pensaba, puede que esté haciendo algo bueno, puede que esté en el camino correcto. Las artes plásticas son, en el fondo, incomprensibles. O son tan comprensibles que nadie, yo el primero, acepta la lectura más obvia. Arturo por aquel entonces, se acostaba ocasionalmente con mi amiga. Él no sabía que era mi amiga. Es decir, él sabía que era mi amiga, cómo no lo iba a saber, si fui yo quien se la presenté, lo que no sabía era que era mi amiga. Se acostaban de vez en cuando, una vez al mes, digamos. A mí me hacía gracia. En ciertos aspectos él podía llegar a ser muy ingenuo. Mi amiga vivía en la calle Denia, a pocos pasos de mi casa, y yo tenía la llave de su casa y a veces me presentaba allí a las ocho de la mañana, a buscar algo que había olvidado para una de mis clases, y encontraba a Arturo en la cama o preparando el desayuno y éste me miraba como preguntándose ¿es su amiga o su amiga? A mí me hacía gracia. Buenos días, Arturo, le decía y a veces tenía que hacer un esfuerzo para no reírme. También yo me acostaba con otra amiga, sólo que me acostaba mucho más a menudo con ésta que lo que se acostaba mi amiga con Arturo. Problemas. La vida está llena de problemas, aunque en Barcelona, en aquellos años, la vida era maravillosa y a los problemas les llamábamos sorpresas.

Los Detectives Salvajes, Roberto Bolaño

Un Destino de Mujer

Así como el rey durante la cacería, coge
un vaso para beber en él, uno cualquiera...
y así como después aquel que lo poseía
lo aparta y lo conserva como si no fuera vaso:

así quizá el destino, también sediento, se acercaba
de vez en cuando a una a la boca y bebía,
a la cual una vida pequeña, demasiado temerosa
de romperla, colocó, aparte del uso,

en la vitrina miedosa
en la cual están sus preciosidades
(o las cosas que son tenidas por preciosas).

Allí estaba ella, extraña, como si hubiese sido
prestada,
Y simplemente se hizo vieja y se hizo ciega
y nunca fue preciosa, y nunca singular.

Antología Poética, Rainer María Rilke

Nada vale tanto como la experiencia

Mulla se cayó de una escalera y se hizo mucho daño. A pesar de los emplastos y de las posiciones, el dolor le hacía sufrir terriblemente. Sus amigos fueron a consolarle:
—¡Hubiera podido ser mucho peor! —dijo uno.
—Después de todo, no te has roto nada —dijo otro.
—Pronto te repondrás —dijo un tercero...
En el colmo del dolor, Nasarudin se puso a pegar alaridos:
—¡Salid todos de aquí! ¡Abandonad esta habitación en el acto! ¡Madre, no dejes entrar a nadie a menos que se haya caído alguna vez de una escalera!

La teoría no puede sustituir a la experiencia. Para comprender al otro, hay que poder ponerse en su lugar. Si un hombre no ha sufrido jamás, ¿cómo puede ponerse en el lugar de aquellos que sufren?
Los gurús que son perfectos después de tres mil reencarnaciones no son aptos para ayudar a los demás, pues no conocen el dolor humano.
En este mismo sentido, un terapeuta varón no puede comprender y aconsejar a una mujer si no ha vivido profundamente en sí mismo la naturaleza femenina, si no se ha imaginado con una vagina, un útero, unos ovarios, menstruaciones, etcétera. Del mismo modo, una mujer que no se ha imaginado jamás con un sexo masculino, esperma y erecciones no puede comprender a un hombre.
Es meditando acerca de este particular como la mujer se construirá hombre en el interior de sí misma, y el hombre, mujer, lo que permitirá a continuación comunicarse verdaderamente con conocimiento de causa.

Saíd Baba es un gurú hindú que es hombre durante seis meses del año y mujer durante los seis restantes.
Aparece delante de sus discípulos disfrazado de mujer y está viviendo su sakti o su siva, su yin o su yang. Él los ha creado en sí mismo.

La Sabiduría de los CuentosAlejandro Jodorowsky

El hombre sucio y el hombre limpio

Un rey hizo llamar a un santo rabino que dormía sólo dos horas y las otras veintidós las dedicaba a leer su Biblia.
—¡Dime la verdad que haz encontrado en esas páginas o te corto la cabeza!
El anciano sonrió.
—Antes de revelarte el secreto que esperas, deja, oh gran señor, que te haga una pregunta.
—¡De acuerdo: hazla!
—Dos hombres caminan por el bosque, después de una fuerte lluvia. De pronto, caen en una charca de barro. Al salir, uno de ellos está sucio, mientras que el otro permanece limpio. ¿Cuál de los dos se lava?
—¡Pues el que está lleno de lodo! —respondió el poderoso.
—No majestad. El que está embarrado ve al que salió limpio y piensa que él también está limpio. el otro ve al sucio y, como piensa que él mismo también está sucio, corre a lavarse.
—Bien —dijo el rey—, ahora dime la verdad que encontraste en tu Biblia.
—Antes, señor, resuelve este problema: dos hombres caminan por un bosque, después de una fuerte lluvia. De pronto caen en una charca de barro. Al salir, uno de ellos está sucio y el otro limpio ¿Cuál de los dos se lava?
El monarca, creyendo que ya conocía la respuesta, contestó:
—¡El que está limpio!
—No, mi señor. Como una vez ya había cometido el error, se lavó el embarrado. La experiencia enseña.
—Acepto —dijo el rey—. Ahora dime la verdad que encontraste en tu libro sagrado.
—¡Oh, magnísimo, deja que te plantée un último acertijo! Después de una fuerte lluvia, dos hombres que caminan por el bosque caen en una charca de lodo. Uno sale sucio y el otro limpio. ¿Cuál se lava?
El rey quedó desconcertado.
—Ya no sé que responder. Ambos pueden bañarse o ninguno... Quizás el embarrado se lava otra vez...
El viejo sonrió.
—Si crees, señor, que tres veces se va a repetir un accidente tan increíble, estás dispuesto a creer cualquier cosa.

El rey ve en la Biblia un conjunto de palabras. Cree que la verdad es algo que se dice. El rabino le demuestra que un texto puede dar origen a infinitas interpretaciones. Las palabras son sólo un guía hacia la verdad, así como el dedo que muestra la luna no es la luna. Para comprender lo que el rabino encuentra en su libro sagrado, el rey debería realizar una mutación mental gracias a la abertura de su corazón. A través del texto, el sabio entra en relación emocional —un estado que se vive y no se piensa— con ese impensable que llama Dios. El rey busca creer. El rabino busa conocerse, porque sabe que en su interior mora el Creador. El monarca, para dominar al mundo, se separa de él. El sabio, por amor al mundo, se une a él.  Ésa es la enseñanza esencial de los rabinos. 
Un joven ateo se acercó al piadoso rabí jasídico Menajem Mendl de Kotz y le preguntó con sorna:
—¿Dónde vive Dios en realidad?
—Donde quiera es admitido —le contestó el rabí.

La Sabiduría de los CuentosAlejandro Jodorowsky

febrero 20, 2012

¿DÓNDE ESTÁ TU OREJA, MULLA?

Cuando le preguntaron a Mulla: «¿Dónde está tu oreja izquierda?», él se pasó el brazo derecho por encima de la cabeza y, tocándose la oreja, dijo:
–¡Aquí está!
–Pero ¿por qué haces eso? ¿No sería más sencillo tocarte con tu mano izquierda la oreja que está del mismo lado?
–Efectivamente, sería más sencillo –replicó él–, pero si lo hiciera como todo el mundo, entonces no sería ya Mulla Nasrudin.

O dicho de otro modo, para que sea yo mismo (o sentirme yo mismo), tengo que tocarme la oreja de esta forma excéntrica.
     Le pregunté a mi hijo, adolescente, qué pensaba de ello. Él me respondió:
   –Estamos todos condicionados a tocarnos nuestra oreja de la misma manera, estereotipada. Y, sin embargo, yo, que soy artista, ¿no puedo tocármela acaso de la manera que me dé la gana, como lo sienta?
       Es un punto de vista interesante.
    Se puede ver en la manera de actuar de Mulla Nasrudin el deseo de singularizarse mediante actos extravagantes, que llamen la atención. En este caso, en vez de identificarme con mi ser esencial, me identifico con algo teatral. No lo hago para «ser» sino, más bien, para «ser diferente» y creo que al serlo soy yo mismo.
     Pienso que éste no es el camino. Ser es ser diferente de forma natural. Por consiguiente, ¿para qué tratar de hacer más con el fin de distinguirse?

La sabiduría de los cuentos, Alejandro Jodorowsky

febrero 06, 2012

Al servicio social

No amo a mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques desiertos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.

Alta traición, José Emilio Pacheco

enero 30, 2012

¿Libertad?

La gente deja de sentir necesidad de lo bello o lo espiritual y se pone a consumir películas como si fuesen botellas de Coca-Cola.
    El contacto entre el director y el público, es específico y característico del cine, en el sentido de que éste transmite a través de la película impresa una experiencia absolutamente libre en términos afectivos y emotivos y, por lo mismo, esa experiencia se hace más convincente. El espectador siente necesidad de esa experiencia delegada, para resarcir en parte aquello que ha perdido, o se ha perdido, de la vida, esto es, como una "busca del tiempo perdido". Y qué tan importante en términos humanos pueda ser esta nueva experiencia adquirida, depende únicamente del director: una grave responsabilidad.
    Por lo mismo encuentro muy difícil entender que un artista hable de una libertad creativa absoluta. No entiendo a qué se refieren cuando hablan de ese tipo de libertad, ya que me parece que si uno ha escogido como oficio el arte, uno se encuentra encadenado por innumerables necesidades, así como por los objetivos que uno a sí mismo se puso y por su propia vocación artística.
    Todo se encuentra condicionado por uno u otro tipo de necesidad, y si fuese realmente posible encontrar a una persona absolutamente libre, ésta parecería igual a un pez de aguas profundas que tuviese que vivir en la superficie. Es curioso pensar en que el inspirado Rubliov tuvo que trabajar dentro de la estrechez de un canon, y mientras más tiempo he vivido en Occidente, más extraña y equívoca me parece la libertad. ¿Libertad para drogarse, para matar, para suicidarse?
    Para ser libre, uno simplemente tiene que serlo: sin pedir permiso a nadie. Uno debe tener su propia hipótesis acerca de lo que uno está llamado a hacer, y seguirla, sin ceder o condescender con las circunstancias. Pero ese tipo de libertad exige que se tenga una extraordinaria fuerza interior y que se sea extraordinariamente consciente de sí y de su responsabilidad para con uno mismo, es decir, para con los demás.
    La tragedia, por desgracia, es que no sabemos ser libres: exigimos libertad para nosotros mismos a expensas de los demás y no queremos en razón de los otros renunciar a nada que sea nuestro, ya que esto sería una intrusión en nuestros derechos y libertades individuales. Todos estamos infectados actualmente de un extraordinario egoísmo –y eso no es la libertad. La libertad significa aprender a exigirse a uno mismo, no a la vida o a los demás, y el saber cómo dar: sacrificarse, pues, en nombre del amor.
    No quiero que se me malinterprete: de lo que estoy hablando es de la libertad en un sentido moral y último. No quiero polemizar o poner en entredicho los incuestionables valores y logros de las democracias europeas. Pero la condición de estas democracias no hace sino recalcar el problema del vacío espiritual y la soledad del hombre. Creo que en su lucha por las libertades políticas –por importantes que éstas sean– el hombre moderno ha perdido de vista aquella otra libertad de la que se ha gozado en otras épocas: la de ser capaz de sacrificarse uno mismo en nombre de la sociedad y los tiempos en que a uno le tocó vivir.

Esculpir el tiempo, Andrey Tarkovski

ABISMOS AJENOS ó DESDE TU BOCA

¡De aquí soy!; del abismo que lleva al alma.
Soy del lugar en el que el humo se queda en pausa
y donde se materializa el amor.

-          ¿se qué?
-          ¡se materializa el amor!
-          ¡eso es importante!

Soy del lugar en donde se escuchan los silencios,
en donde se encierran las palabras
y luego se liberan en negras babas.

-          … o azules, o rojas (las babas)
-          ¡con rojo es grosería!

¡Soy de aquí!, donde se mama tan bien el sexo,
donde se vive libre y se otorga redención.

Soy del lugar que añoro y del cobijo de tus pensamientos,
de la sutil esquina en la que me quedo de tus labios,
de tu mar inmenso en que me empapo de bondad.

Soy del hueco que te representa,
por donde pasan arrasando tus suspiros
a la voy de un solo grito que no cesa por dolor.

-¿y cuando te cosan los labios y tu badajo lo hagan vientre?
-¡A libertarnos vengan nuevas voces y nos bañen de su sed!
-¿Qué nos conviden de su sed?
-…y que se haga de ella una sola.

y sea parte de todos los sufrimientos humanos,
y liberte la añoranza por envidia a la negación.

Es en abismos ajenos donde te cuido, donde te gesto.
Es en abismos ajenos, donde tu voz se hace mía también.

(recopilación de poesía joven chilena 2010 -anónimo-)

enero 28, 2012

«Yo»

    El doctor Cardoso llamó a la camarera y pidió dos macedonias sin azúcar y sin helado. Quisiera hacerle una pregunta, dijo el doctor Cardoso, ¿conoce usted los médecins-philosophers? No, admitió Pereira, no los conozco, ¿quiénes son? Los más importantes son Théodule Ribot y Pierre Janet, dijo el doctor Cardoso, fueron sus obras lo que estudié en París, son médicos y psicólogos, pero también filósofos, propugnan una teoría que me parece interesante, la de la confederación de las almas. Explíqueme esa teoría, dijo Pereira. Pues bien, dijo el doctor Cardoso, creer que somos «uno» que tiene existencia por sí mismo, desligado de la inconmensurable pluralidad de los propios yoes, representa una ilusión, por lo demás ingenua, de la tradición cristiana de un alma única; el doctor Ribot y el doctor Janet ven la personalidad como una confederación de varias almas, porque nosotros tenemos varias almas, ¿comprende?, una confederación que se pone bajo el control de un yo hegemónico. El doctor Cardoso hizo una breve pausa y después continuó. Lo que llamamos la norma, o nuestro ser, o la normalidad, es sólo un resultado, no una premisa, y depende del control de un yo hegemónico que se ha impuesto en la confederación de nuestras almas; en el caso de que surja otro yo, más fuerte y más potente, este yo destrona al yo hegemónico y ocupa su lugar, pasando a dirigir la cohorte de las almas, mejor dicho, la confederación, y su predominio se mantiene hasta que es destronado a su vez por otro yo hegemónico, sea por un ataque directo, sea por una paciente erosión. Tal vez, concluyó el doctor Cardoso, tras una paciente erosión haya un yo hegemónico que esté ocupando el liderazgo de la confederación de las almas, señor Pereira, y usted no puede hacer nada, tan sólo puede, eventualmente, apoyarlo.
    El doctor Cardoso acabó de comer su macedonia y se limpió los labios con la servilleta. ¿Y qué puedo hacer?, preguntó Pereira. Nada, respondió el doctor Cardoso, simplemente esperar, quizá haya en usted un yo hegemónico que, tras una lenta erosión, después de todos estos años dedicados al periodismo escribiendo la crónica de sucesos, creyendo que la literatura era la cosa más importante del mundo, quizás haya un yo hegemónico que está tomando la dirección de la confederación de sus almas, déjelo salir a la superficie, de todas formas no puede actuar de otra manera, no lo conseguirá y entraría en conflicto consigo mismo, y si quiere arrepentirse de su vida, arrepiéntase, e incluso, si tiene ganas de contárselo a un sacerdote, cuénteselo, en fin, señor Pereira, si usted empieza a pensar que esos chicos tienen razón y que hasta ahora su vida ha sido inútil, piénselo tranquilamente, quizá de ahora en adelante su vida ya no le parecerá inútil, déjese llevar por su nuevo yo hegemónico y no compense su sufrimiento con la comida y con limonadas llenas de azúcar.
    Pereira acabó de comer su macedonia de fruta y se quitó la servilleta que se había puesto alrededor del cuello. Su teoría es muy interesante, dijo, reflexionaré al respecto, me gustaría tomar un café, ¿qué le parece? El café produce insomnio, dijo el doctor Cardoso, pero si usted no quiere dormir es asunto suyo, los baños de algas son dos veces al día, a las nueve de la mañana y a las cinco de la tarde, me gustaría que fuera usted puntual mañana por la mañana, estoy seguro de que un baño de algas le sentará bien.
    Buenas noches, murmuró Pereira. Se levantó y se alejó. Dio algunos pasos y se volvió. El doctor Cardoso le sonreía. Seré puntual, a las nueve, sostiene haber dicho Pereira.

Sostiene Pereira, Antonio Tabucchi

enero 26, 2012

Gender equality

For a while I lost sight of Jordan Baker, and then in midsummer I found her again. At first I was flattered to go places with her, because she was a golf champion, and everyone knew her name. Then it was something more. I wasn't actually in love, but I felt a sort of tender curiosity. The bored haughty face that she turned to the world concealed something -most affectations conceal something eventually, even tough they don't in the beginning- and one day I found what it was. When we were on a house-party together up in Warwick, she left a borrowed car out in the rain with the top down, and then lied about it -and suddenly I remembered the story about her that eluded me that night at Daisy's. At her first big golf tournament there was a row that nearly reached the newspapers -a suggestion that she had moved her ball from a bad lie in semi-final round. The thing approached the proportions of a scandal- then died away. A caddy retracted his statement, and the only other witness admitted that he might have been mistaken. The incident and the name had remained together in my mind.
Jordan Baker instinctively avoided clever, shrewd men, and now I saw that this was because she felt on a safer plane where any divergence from a code would be thought impossible. She was incurably dishonest. She wasn't enable to endure being at a disadvantage and, given this unwillingness, I suppose she had begun dealing in subterfuges when she was very young in order to keep that cool, insolent smile turned to the world and yet satisfy the demands of her hard, jaunty body.
It made no difference to me. Dishonesty in a woman is a thing you never blame deeply -I was casually sorry, and then I forgot. It was on that same house-party that we had a curious conversation about driving a car. It started because she passed so close to some workmen that our fender flicked a button on one man's coat.
"You're a rotten driver," I protested. "Either you ought to be more careful, or you oughtn't to drive at all."
"I am careful."
"No, you're not."
"Well, other people are," she said lightly.
"What's that got to do with it?"
"They'll keep out of my way," she insisted. "It takes two to make an accident."
"Suppose you met somebody just as careless as yourself."
"I hope I never will," she answered. "I hate careless people. That's why I like you."
Her gray, sun-strained eyes stared straight ahead, but she had deliberately shifted our relations, and for a moment I thought I loved her. But I am slow-thinking and full of interior rules that act as brakes on my desires, and I knew that first I had to get myself definitely out of that tangle back home. I'd been writting my letters once a week and signing them: "Love, Nick," and all I could think of was how, when that certain girl played tennis, a faint mustache of perspiration appeared on her upper lip. Nevertheless there was a vague understanding that had to be tactfully broken off before I was free.
Every one suspects himself of at least one of the cardinal virtues, and this is mine: I am one of the few honest people that I have ever known.

The great Gatsby, F. Scott Fitzgerald

enero 17, 2012

ver

¿Cuántos pájaros deben caer del cielo
para que mis lágrimas se eleven
para que olvide adular las formas
para que obedezca la orden inaudible
para que suelte lo que tengo empuñado
para que meta la cabeza en el hocico
y cese de recorrerme en lugar de ser?
¿Dónde está el infierno prometido,
dónde las llamaradas del instante,
dónde la palabra convertida en alma,
dónde los leones que se elevan
mientras mil alas de metal caen del cielo?
¿Obtendré la humildad del perro, lo leve de la brisa?
¿Cesaré de vivir como una esfera flotando en el abismo?
¡Que lo sublime despegue de mis pasos las huellas ajenas!
¡Que se haga la luz en la oscuridad carente de significado!
¡Que un silencio con olor a sándalo invada la farsa del parecer!
¡Que mi corazón eche raíces en las cuatro esquinas del cosmos!
¡Que el ladrido de los puercos convierta en lirios a mis tímpanos!
¡Que de la herida que corona a mi memoria mane un géiser de oro!
¡Que bajo la noche como un perro diurno
devore el instante hasta agotar su miel!
¡Basta ya de bucear en túneles de gelatina amarga!
¡Basta ya de espejos arrogantes!
¡Basta ya de tanta boca huérfana
de pantanos vestidos de profeta
de vino estéril con sabor a yegua
de morder un pan lleno de sangre!
Preso en el ahora cavo en mi memoria
El sublime sabor del helado de canela
El cerro desierto y las tortugas blancas
Las estrellas fugaces y el loco que nunca se mueve
La moneda de oro en el hocico del sapo
El universo entero igual que un canario
¿Me enseñó la vida a deshacer los nudos?
Me desprendo de las máscaras de héroe
de las sombras que arrastran mis talones
de la aureola que aún me ata al santo de barro
Cuando el gallo sagrado suspire en el último punto
el Arcano se abrirá desde adentro como una rosa blanca
en el centro de mi pecho cantá una virgen de plata
extraeré de cada ojo de mármol una mirada cálida
cesaré de criticar para que el alma onírica se extienda
aceptaré que la piedra es piedra no importa quien la lance
admiraré la flor que se marchita tanto como la que se abre
en la materia que fluye hasta su desintegración
mi conciencia impulsará lo intangible
hacia el sacrificio de los espejismos
poblaré con ilusiones la ansiedad del alba
sembraré diamantes en la estela del tiempo
mi alma que nació ciega
se cubrirá de ojos que no temen ver

Alejandro Jodorowsky

enero 12, 2012

Un cuarto de siglo

Stay in line. stay in step. people
are afraid of someone who is not
in step with them. it makes them
look foolish t' themselves for
being in step. it might even
cross their minds that they themselves
are in the wrong step. do not run
nor cross the red line. if you go
too far out in any direction, they
will lose sight of you. they'll feel
threatened. thinking that they are
not a part of something that they
saw go past them, they'll feel
something's going on up there that
they don't know about. revenge
will set in. they will start thinking
of how t' get rid of you. act
mannerly towards them. if you don't,
they will take it personal. as you
come directly in contact face t' face
do not make it a secret of how
much you need them. if they sense
that you have no need for them,
the first thing they will do is
try t' make you need them. if
this doesn't work, they will tell
you of how much they don't need
you. if you do not show any sadness
at a remark such as this, they
will immediately tell other people
of how much they don't need you.
your name will begin t' come up
in circles where people gather
to tell about all the people they
don't need. you will begin t' get
famous this way. this, though, will
only get the people who you don't need
in the first place
all the more madder.
you will become
a whole topic of conversation.
needless t' say, these people
who don't need you will start
hating themselves for needing t' talk
about you. then you yourself will
start hating yourself for causing so
much hate. as you can see, it will
all end in one great gunburst.
never trust a cop in a raincoat.
when asked t' define yourself exactly,
say you are an exact mathematician.
do not say or do anything that
he who standing in front of you
watching cannot understand, he will
feel you know something he
doesn't. he will react with blinding
speed and write your name down.
talk on his terms. if his terms
are old-fashioned an' you've
passed that stage all the more easier
t' get back there. say what he
can understand clearly. say it simple
t' keep your tongue out of your
cheek. after he hears you, he can
label you good or bad. anyone will
do. t' some people, there is only
good an' bad. in any case, it will
make him feel somewhat important.
it is better t' stay away from
these people. be careful of
enthusiasm...it is all temporary
an' don't let it sway you. when asked
if you go t' church, always answer
yes, never look at your shoes. when
asked you you think of gene autrey
singing of hard rains gonna fall say
that nobody can sing it as good as
peter, paul and mary. at the mention
of the president's name, eat a pint of
yogurt an' go t' sleep early...when
asked if you're a communist, sing
america the beautiful in an
italian accent. beat up nearest
street cleaner. if by any
chance you're caught naked in a
parked car, quick turn the radio on
full blast an' pretend
that you're driving. never leave
the house without a jar of peanut
butter. do not wear
matched socks. when asked to do 100
pushups always smoke a pound
of deodorant beforehand.
when asked if you're a capitalist, rip
open your shirt, sing buddy can
you spare a dime with your
right foot forward an' proceed t'
chew up a dollar bill.
do not sign any dotted line. do not
fall in trap of criticizing people
who do nothing else but criticize.
do Not create anything. it will be
misinterpreted. it will not change.
it will follow you the
rest of your life. when asked what you
do for a living say you laugh for
a living. be suspicious of people
who say that if you are not nice
t' them, they will commit suicide.
when asked if you care about
the world's problems, look deeply
into the eyes of he that asks
you, he will not ask you again. when
asked if you've spent time in jail,
announce proudly that some of your
best friends've asked you that.
beware of bathroom walls that've not
been written on. when told t' look at
yourself...never look. when asked
t' give your real name...never give it

Advice for Geraldine on her miscellaneus birthday, Bob Dylan

enero 08, 2012

Decisiones

El capitán del puerto dijo, Voy a darte la embarcación que te conviene, Cuál, Es un barco con mucha experiencia, todavía del tiempo en que toda la gente andaba buscando islas desconocidas, Cuál, Creo que incluso encontró algunas, Cuál, Aquél. Así que la mujer de la limpieza percibió para dónde apuntaba el capitán, salió corriendo de detrás de los bidones y gritó, Es mi barco, es mi barco, hay que perdonarle la insólita reivindicación de propiedad, a todo título abusiva, el barco era aquel que le había gustado, simplemente. Parece una carabela, dijo el hombre, Más o menos, concordó el capitán, en su origen era una carabela, después pasó por arreglos y adaptaciones que la modificaron un poco, Pero continúa siendo una carabela, Sí, en el conjunto conserva el antiguo aire, Y tiene mástiles y velas, Cuando se va en busca de islas desconocidas, es lo más recomendable. La mujer de la limpieza no se contuvo, Para mí no quiero otro, Quién eres tú, preguntó el hombre, No te acuerdas de mí, No tengo idea, Soy la mujer de la limpieza, Qué limpieza, La del palacio del rey, La que abría la puerta de las peticiones, No habría otra, Y por qué no estás en el palacio del rey, limpiando y abriendo puertas, Porque las puertas que yo quería ya fueron abiertas y porque de hoy en adelante sólo limpiaré barcos, Entonces estás decidida a ir conmigo en busca de la isla desconocida, Salí del palacio por la puerta de las decisiones, Siendo así, ve para la carabela, mira cómo está aquello, después del tiempo pasado debe precisar de un buen lavado, y ten cuidado con las gaviotas, que no son de fiar, No quieres venir conmigo a conocer tu barco por dentro, Dijiste que era tuyo, Disculpa, fue sólo porque me gustó, Gustar es probablemente la mejor manera de tener, tener debe de ser la peor manera de gustar.

El cuento de la isla desconocida, José Saramago

Al difunto pobre

A nuestro pobre enterraremos hoy:
a nuestro pobre pobre.

Tan mal anduvo siempre
que es la primera vez
que habita este habitante.

Porque no tuvo casa, ni terreno,
ni alfabeto, ni sábanas,
ni asado,
y así de un sitio a otro, en los caminos,
se fue muriendo de no tener vida,
se fue muriendo poco a poco
porque esto le duró desde nacer.

Por suerte, y es extraño, se pusieron de acuerdo
todos desde el obispo hasta el juez
para decirle que tendrá cielo
y ahora muerto, bien muerto nuestro pobre,
ay nuestro pobre pobre
no va a saber qué hacer con tanto cielo.
¿Podrá ararlo y sembrarlo y cosecharlo?

Él lo hizo siempre, duro
peleó con los terrones,
y ahora el cielo es suave para ararlo,
y luego entre los frutos celestiales
por fin tendrá lo suyo, y en la mesa
a tanta altura todo está dispuesto
para que coma cielo a dos carrillos
nuestro pobre que lleva, por fortuna,
sesenta años de hambre desde abajo
para saciarla, al fin como se debe,
sin recibir más palos de la vida,
sin que lo metan preso porque come,
bien seguro en su caja y bajo tierra
ya no se mueve para defenderse,
ya no combatirá por su salario.
Nunca esperó tanta justicia este hombre,
de pronto lo han colmado y lo agradece:
ya se quedó callado de alegría.

¡Qué peso tiene ahora el pobre pobre!
Era de puro hueso y de ojos negros
y ahora sabemos, por su puro peso,
ay cuántas cosas le faltaron siempre,
porque si este vigor anduvo andando,
cavando eriales, arañando piedras,
cortando trigo, remojando arcilla,
moliendo azufre, transportando leña,
si este hombre tan pesado no tenía
zapatos, oh dolor, si este hombre entero
de tendones y músculos no tuvo
nunca razón y todos le pegaron,
todos lo demolieron, y aún entonces
cumplió con sus trabajos, ahora llevándolo
en su ataúd sobre nosotros,
ahora sabemos cuánto le faltó
y no lo defendimos en la tierra.

Ahora nos damos cuenta que cargamos
con lo que no le dimos, y ya es tarde:
nos pesa y no podemos con su peso.

¿Cuántas personas pesa nuestro muerto?

Pesa como este mundo, y continuamos
llevando a cuestas este muerto. Es claro
que el cielo es una gran panadería.

Plenos poderes, Pablo Neruda