mayo 21, 2012

La náusea

Bueno, hace un rato estaba en el Jardín Público.

Y entonces tuve una iluminación.
 Y de golpe estaba allí, clara como el día: la existencia se descubrió de improvisto.
Había perdido su apariencia inofensiva de categoría abstracta; era la materia misma de las cosas, aquella raíz estaba amasada en existencia.
O más bien la raíz, las verjas del jardín, el césped raído todo se había desvanecido; la diversidad de las cosas,su individualidad sólo eran una apariencia, un barniz.
Ese barniz se había derretido, quedaban masas monstruosas y blandas, en desorden, desnudas, con una desnudez espantosa y obscena.
De existir, había que existir hasta eso, hasta el verdín, el abotagamiento,la obscenidad.
En otro mundo, los círculos, los aires musicales guardan sus líneas puras y rígidas.
Pero la existencia es una sumisión.
Éramos un montón de existencias incómodas, avergonzados de nosotros mismos; no teníamos la menor razón de estar allí, ni unos ni otros; cada uno de los existentes, confuso, vagamente inquieto, se sentía de más con respecto a los otros.
 De más; fue la única relación que pude establecer entre los árboles, las verjas, los guijarros.
Y yo, flojo, lánguido, obsceno, digiriendo, removiendo melancólicos pensamientos, también yo estaba de más.
Los árboles flotaban, ¿impetud hacia el cielo?
Más bien un derrumbe; a cada instante esperaba ver arrugarse los troncos, como juncos cansados, encogerse, y caer al suelo en un montón negro y blando con pliegues.
No tenían ganas de existir, pero no podían evitarlo: eso es todo.
Entonces hacían todos sus pequeñas cocinas, despacito, sin entusiasmo; la savia subía lentamente por los vasos, a disgusto, y las raíces se hundían lentamente en la tierra. Pero a cada instante parecían a punto de plantarlo todo y de aniquilarse.
Cansados y viejos, seguían existiendo de mala gana, porque eran demasiado débiles para morir, porque la muerte sólo podía venirles del exterior; sólo las melodías musicales llevan en sí su propia muerte como una necesidad interna; pero las melodías no existen.
Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad...
Lo esencial es la contingencia.
Quiero decir que por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es estar ahí, simplemente; los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos.
Todo es gratuito; este jardín, esta ciudad, yo mismo.
Cuando uno llega a comprenderlo, se le revuelve el estomago y todo empieza a flotar.
Me dejé estar en el banco, aturdido, abrumado por esa profusión de seres sin origen; en todas partes eclosiones, florecimientos; me zumbaban de existencia los oídos, mi misma carne palpitaba y se entreabría, se abandonaba a la brotadura universal, era repugnante.

La náusea, Jean-Paul Sartre

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