junio 19, 2011

Nota importante

En "Zen Flesh, Zen Bones", una colección de textos Zen compilados por Paul Reps, encontré una pequeña historia, "El túnel", que fue el comienzo de mi película. Al escribir el argumento, transformé la historia, creé personajes, agregué partes, etc., de tal modo que al final resultó que el argumento había transformado la historia.
Al pedírseme que escribiera el guión, me dediqué, durante meses, a buscar los personajes, fotografiando desnudos a todos los postulantes. Cuando tuve el elenco, adapté el argumento a ellos y resultó que los actores lo transformaron.
Escribí una páginas provisionales y en una camioneta, acompañado de Rafael Corkidi, el fotógrafo de la película, recorrí durante mes y medio gran parte de México buscando los sitios de filmación en estado sonambúlico. Dormía en la camioneta, me despertaba y decía: "Vamos por este camino; por aquí debe haber el paisaje que necesito", y encontrábamos los sitios más extraños, más teñidos de "inconsciente telúrico". El paisaje transformó al primer guión.
Ya con todos mis elementos escribí el texto que ahora vas a leer. Nunca pensé "literalmente", ni esperé tener "lectores"; escribí este guión en forma práctica, para mi uso personal. Fue enviado a Cinematografía. Allí me "aconsejaron" que suprimiera algunas escenas, como por ejemplo la secuencia del cadáver cortado en trozos y lanzados dentro de una caja. La censura modificó el guión.
Al filmar, ya en los sitios, a veces desiertos a más de 40 grados a la sombra, tuve que transformar algunas cosas. Quería hacer una estampida de dos mil conejos vivos que rugieran como caballos enloquecidos o leones. En toda la región (Torreón), no habían ni mil conejos. Tuve que conformarme con trescientos. Una estampida de trescientos conejos es muy pobre. Decidí mostrarlos a todos muertos. Trescientos cadáveres sí son algo, etc. La filmación cambió este guión.
Al sentarme a editar tuve que escoger ciertas tomas, vi nuevas posibilidades, alterné secuencias, etc. La edición transformó a la filmación.
Cuando me senté a "regrabar" y uní doblaje de voces, música, ruidos incidentales, etc., tuve nuevas ideas, por ejemplo: a la madre del segundo maestro le quité la voz y le di gritos de ave. La regrabación modificó el doblaje.
Obtuve una película de dos horas de duración. Se envió a Cinematografía, ALLÍ LE CORTARON MEDIA HORA. En fin, la Venus de Milo perdió los brazos pero sigue siendo una obra de arte.


Alejandro Jodorowsky

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