A los líderes del Consejo Agrarista Mexicano no les gustó saber que Jesucristo Gómez llegaba a Martínez de la Torre justo en plena convención estatal. Le tenían miedo. Sabían que Jesucristo era muy capaz de sabotear la reunión porque hablaba pestes del CAM: lo tachaba de ser una organización tracalera con los ejidatarios, y a cada rato ponía en evidencia a los líderes regionales.
Para evitar sobresaltos le jugaron una treta. Llegando llegando lo trataron con mucho comedimiento y lo invitaron a dar una plática a los convencionistas.
Jesucristo descubrió la treta, pero aceptó dar la plática porque no tenía intenciones de armar borlote alguno, sólo iba de paso con sus discípulos, rumbo a Tuxpan.
-Ya chingamos.
-Salió un campesino a sembrar y se puso a arrojar la semilla -dijo Jesucristo durante su plática-. Una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada y las aves se la comieron. Otra cayó sobre un terreno pedregoso, y después de brotar se secó por falta de agua. Otra cayó entre las hierbas, que la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creció, y dio buen fruto.
Los convencionistas empezaron a cruzarse sonrisitas de burla. Uno de ellos levantó la mano:
-¿Eso qué quiere decir?
-El que tenga oídos para oír que oiga -contestó de mal modo Jesucristo Gómez.
Por la noche, los discípulos le comentaron:
-Andabas muy de malas, ¿verdad?
-No me gusta que me vean la cara.
-¿Entonces por qué les diste la plática?
-Para que viendo no vean y oyendo no entiendan.
-Pero tampoco nosotros entendimos nada -dijo Simón el de Aguascalientes-. Al menos yo me quedé de a seis.
Entonces Jesucristo se puso a explicar:
-La semilla que sale a sembrar el campesino es la semilla de la justicia. La parte que cae a lo largo del camino son los que se dan cuenta de la situación, pero nada hacen porque saben que cualquier cambio empezaría por perjudicarlos a ellos mismos. La semilla que cae sobre el terreno pedregoso son los que quisieran cambiar la realidad pero sin verse afectados personalmente; hablan y trabajan para lograr mejorías insignificantes, nunca una transformación radical. La semilla que ahoga la hierba son los que de jóvenes se entregan generosamente a la lucha, pero apenas adquieren posición, poder, dinero, sofocan sus impulsos y terminan convertidos en cómplices del sistema. La semilla que cae en tierra buena, por último, son los que hacen suya la causa de la justicia y luchan por ella hasta su muerte.
Jesucristo miró despacito a cada uno de sus discípulos. Lo escuchaban sin pestañear:
-Cuando en la vida uno descubre una verdad, mueve cielo y tierra para tratar de difundirla. Nadie enciende una lámpara y le pone encima un sombrero o la esconde bajo la cama; al contrario: la pone en el centro del cuarto para que la luz ilumine a los que llegan. Toda verdad termina imponiéndose tarde o temprano. Por eso oigan bien lo que oyen y sáquenle el mayor provecho. Porque el que tiene tendrá más, y el que no tiene perderá lo poco que crea tener.
El Evangelio de Lucas Gavilán, Vicente Leñero
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