diciembre 14, 2011

La partida del hijo pródigo

Alejarse ahora de todo esto confuso,
que es nuestro pero no nos pertenece,
que, como el agua en las viejas fuentes,
nos refleja temblando y descompone la imagen;
de todo esto, que como con espinas
se agarra una vez más a nosotros... alejarse
a esto y a éste,
que ya no veíamos
(tan cotidianos y acostumbrados eran),
contemplarlos de pronto : suaves, conciliadores
y como en un principio y de cerca;
y presintiendo comprender qué impersonalmente,
qué por igual cayó el sufrimiento sobre todos,
del que la infancia estaba llena hasta el borde:
Y sin embargo irse entonces, arrancando la mano
de la mano,
como desgarrando de nuevo algo ya sanado,
y marcharse: ¿por qué? Por impulso, por
temperamento,
por impaciencia, por esperanza oscura,
por incomprensibilidad y por incomprensión.

Tomar todo esto sobre sí y en vano
dejar caer algo que quizá se tenía,
para morir solo, sin saber por qué...

¿Es esto la entrada a una nueva vida?


Rainer Maria Rilke

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