diciembre 14, 2011

El artista.

París 17 de Febrero de 1903

Usted pregunta si sus versos son buenos. Me pregunta a mí. Antes ha preguntado a otros. Los envía a revistas. Los compara con otros poemas, y se preocupa de si ciertas redacciones rechazan sus intentos. Ahora bien (como usted me ha permitido aconsejarle), le pido que deje todo eso. Usted mira hacia afuera, y eso es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar, ni ayudar, nadie. Hay un solo medio. Entre en sí mismo. Investigue el motivo que lo hace escribir; verifique si extiende sus raíces en el más intimo lugar de su corazón, confiésese a sí mismo si moriría si se le prohibiera escribir. Ante todo esto, pregúntese en la más serena hora de su noche: ¿tengo que escribir? Cave en su interior para procurar una respuesta profunda. Y si ésta fuera afirmativa, si le fuera posible salir al encuentro de esta seria pregunta con el fuerte y sencillo tengo que hacerlo, construya entonces su vida de acuerdo con esta necesidad. Su vida, hasta en la más indiferente e insignificante hora , tiene que llegar a ser un signo y un testimonio de esta urgencia. Acérquese entonces a la naturaleza. Intente decir entonces, como si fuera el primer hombre, lo que ve, y experimenta, y ama, y pierde. No escriba poemas de amor; apártese primero de esas formas que son demasiado corrientes y habituales: son las más difíciles, pues se requiere una fuerza grande y madura para dar algo propio donde se presentan en abundancia tradiciones buenas y en gran parte brillantes. Busque por eso salvarse de los motivos generales acudiendo a los que le ofrece su propia vida cotidiana; describa sus tristezas y deseos, los pasajeros pensamientos y la fe en alguna belleza: describa todo eso con íntima, serena, humilde sinceridad y utilice, para expresarse, las cosas que lo rodean, las imágenes de sus sueños y los objetos de sus recuerdos. Si su mundo cotidiano le parece demasiado pobre, no le eche la culpa; cúlpese a sí mismo; cúlpese a sí mismo, dígase a sí mismo que no es suficiente poeta para extraerle sus riquezas ; pues para el creador no hay ninguna pobreza , ningún lugar pobre, indiferente.

[...] Y si de este volverse hacia adentro, de este sumergirse en el mundo propio, vienen versos, entonces usted no pensará preguntar a nadie si son buenos versos . Ni siquiera hará el intento de que revistas se interesen por estos trabajos ; pues verá en ellos su querida posesión natural, un trozo y una voz de su vida. Una obra de arte es buena si ha surgido de una necesidad. En esta característica de su origen nace su juicio: no hay otro.
Por eso, apreciado señor, no sabría darle otro consejo que el siguiente: entrar en sí mismo y probar las profundidades de las que ha surgido su vida; en su fuente encontrará la respuesta a la pregunta de si tiene que crear. Acéptela tal como suena, sin tratar de interpretarla. Quizá resulte de esto que usted está llamado a ser artista. Asuma entonces su destino y lleve su carga y su grandeza, sin preguntar nunca por la recompensa que podría venir de afuera. Pues el creador tiene que ser en sí mismo un mundo, y encontrar todo en sí mismo y en la naturaleza a la que se ha unido.

[...]Con toda lealtad y simpatía de
Rainer María Rilke


Cartas a un Joven Poeta, Rainer María Rilke

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